La teta asustada

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Una película peruana gana el premio mayor del Festival de Berlín e invita a debatir sobre la forma de representacion del indígena en el cine latinoamericano.Una madre muerta envuelta en una túnica espera bajo la cama de su hija. Fausta no puede pagar un buen funeral pero hay, además, algo visceral que la ata a ese cuerpo arrugado y desvastado. Claudia Llosa Bueno le dedica a esa madre quechua el primero de todos los planos de la película mientras un relato canta el drama de su violación durante la guerrilla en Perú. Una canción bellísima cantada en quechua antes del último suspiro.

El collar de perlas se desparrama por el piso del baño de la patrona de Fausta, una mujer rubia, mayor, que vive en una mansión clásica con objetos suntuosos y prepara su concierto anual de piano. Ambas arrodilladas en el piso van apareciendo desde uno y otro costado del cuadro levantando lentamente las perlas tiradas. Fausta improvisa sus penas, canta las canciones enseñadas. Fascinada por esas canciones, la mujer rubia ofrece ese collar para que Fausta se las cante. Unico plano de la película que las pone a patrona y sirvienta de igual a igual

Hay un entrelazo de mitos y tradiciones en esta película peruano-española ganadora del máximo premio en el último Festival de Berlín mitos que hablan de una nación arraigada en un profundo pasado mágico. Pero tambien La teta asustada apela a nuevos mitos: una explicación del azote de la guerrilla de los 70 y 80 en Perú que no hace otra cosa que replicar las violaciones sistematicas de mujeres en todos los estados en guerra (pienso en el capítulo de Invisibles de los médicos de frontera).

La película expone los fundamentos mágicos para ese miedo de Fausta que la película sostiene indeclinablemente: es el mito de la teta asustada que transmite a través de la leche materna el miedo de la madre.

Segunda película de esta directora peruana, recibida en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima y premiada por el World Cinema Fund del Festival de Cine de Berlín y el Visions Sud, para la confección de esta misma película. Financiada, sostenida y fundamentada por capital europeo, La teta asustada plantea a posteriori de su premio y de su distribución (incluyendo su taquillera presencia en la propia ciudad de Lima) dos fenómenos interesantes para marcar: uno, la acusación de ser una película de festival, y dos, la acusación de mostrar un planteo racista y conservador, en su visión del indígena como un ser disminuido y salvaje sometido al blanco. Literalmente el blog ?Peruanismo? dice ?La gente racista es endemoniada e infeliz, ellos sufren de una enfermedad del alma y la mente que los mueve a esparcir el sufrimiento y la opresión. Claudia Llosa es una de esos individuos que perfeccionan su falsedad y visten sus intenciones de lo opuesto, presentándose con “buenas” intenciones. Pero sus antecedentes la delatan: su anterior filme Madeinusa nos presenta a los andinos como salvajes e idiotas.?

La Lima rica y su cinturón pobre atravesada por las diferencias físicas y raciales es un escenario desdoblado entre los asentamientos de las lomadas donde viven Fausta y su familia, dedicados a armar y animar fiestas de boda; y la Lima representada por la casa de la Sra Aída, una concertista en decadencia que verá en la música improvisada de Fausta el aire fresco que necesita para su próximo concierto. Dos espacios de la diferencia conectados solamente por el caminar asustado de Fausta.

Se hace muy difícil, a veces, en un cine tan global como el que hoy se produce diferenciar lo generosamente cinematográfico y lo intencionadamente hecho para un pintoresquismo que gane puntos en prestigiosas bocas de exhibición como los festivales. Puede ser que la elección de Claudia Llosa para construir su emisión sea más externa que interna, es decir, una mirada de la blanca educada en Europa, sobre un indigenismo ancestral no del todo comprendido con mitos y tradiciones presentadas más como una sumatoria de simbolos y colores que como constituyentes de una idiosincracia prístina.

En todo caso el debate al que invita tiene que ver con qué produce hoy el cine latinoamericano, cuáles son sus mecanismos de coproducción, cómo se insertan en el mundo para contar sus historias y cómo sostienen una y otra vez que por sobre todas las cosas lo regional tiene que darse a conocer por sobre lo global, aunque el sistema diga lo contrario.

Publicado en Leedor el 31-05-2009