El artista

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Parodia del campo artístico que cobra vigencia frente a muchos ejemplos locales y universales, se estrena este jueves.“Arte es todo lo que los hombres llaman arte”. Desde esta frase de José Jiménez, podemos decir que artista es aquel al que los hombres llaman artista.

Dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, producida por Fernando Sokolowicz y el artista León Ferrari, la película fue presentada en el pasado Festival Internacional de Mar del Plata, en el Festival de Pinamar y se estrena este jueves en Buenos Aires.

La ficción narra cómo un enfermero de geriátrico que no sabe dibujar, vende como suyos los dibujos que realiza un anciano al que cuida. Los presenta en una galería de arte que valora esos trazos abstractos e inmediatamente traza el panorama del nuevo emergente con todo lo que rodea a la obra de arte que no es arte pero que, sin embargo, en la contemporaneidad, constituye su posibilidad de ser.

La película juega con contrastes. Planos muy abiertos, sobre espacios minimalistas y geométricos, de colores plenos y radiantes, los del mundo del high art, las galerías y los museos, la curaduría y el discurso del arte. Por otro lado, escala de grises en las escenas interiores del falso artista y planos detalles de los dedos y las manos del creador.

El discurso universitario que la academia no tarda en construir, frente al silencio del artista en sus dos caras, la verdadera, la del viejo minusválido interpretada por Laiseca y la del impostor, interpretada por Sergio Pángaro. Los planos fijos a su nuca, como si no tuviera rostro o de su media cara, como quien oculta algo, como si el que hablara no fuera quién se dice que es. Recursos obvios desde la imagen que acentúan esta sensación de doble cara del personaje.

Nunca vemos esa obra que el viejo construye desde su fastidio y su autismo: No la vemos en el proceso ni en el resultado. Vemos sí qué dice el resto de los personajes sobre ella. Como si fuera una cámara gessell, la cámara detrás del vidrio de la propia obra capta a los visitantes opinando sobre ella una vez colgada en la galería. De esta manera los escuchamos decir, poner caras, sarasasear, generar más discurso.

La parodia es permanente. Es una reflexión sobre un mundo de cifras, talentos, sensibilidades y lecturas sobredimensionadas y meteóricas. Donde el discurso del curador legitima lo que ya estipuló la tautología del mercado. Empezamos de nuevo entonces. Ahora sí, arte es todo lo que el mercado llama arte, porque el mercado lo dice. Y si es todo tan arbitrario, falsearlo se convierte en posible.

La película está plagada de citas a la esfera del arte global y local. Los personajes son pequeñas sorpresas, además de Laiseca haciendo su protagónico, aparece un Horacio González, un León Ferrari, un Tulio de Sagastizábal (y su propia obra) una Graciela Taquini que hay que reconocer.

Durante la proyección en el festival de Pinamar, el público se ríe y responde a la parodia, como si la película expresara en algún punto lo que el común de la gente piensa del mundo del arte y de las galerías, sin exageraciones, como es. Vuelta de tuerca, El Artista no nos dice tanto cómo funciona el campo artístico en la contemporaneidad, nos dice cómo el gran público intuye que funciona.

En suma, una película que se vuelve interesante por la discusión que puede provocar sobre roles y lugares en el campo artístico.

Gastòn Duprat ha realizado ademàs el documental Yo Presidente.

Publicado en Leedor el 11-03-2009