Prividera: sonido y furia

0
8

El autor de esta nota se cruzó en un sitio en internet con un artículo firmado por Nicolás Prividera titulado “Una cierta tendencia del cine argentino”.NICOLAS PRIVIDERA, EL SONIDO Y LA FURIA


Lee las cartas de leedores sobre esta nota

Nos cruzamos con un reportaje que se le hiciera a Prividera en diario cordobés y, no sin asombro, leímos allí que mencionaba dos películas a las que unimos en pasado artículo de www.leedor.com: UN MURO DE SILENCIO de Lita Stantic y JUAN, COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO de Carlos Echeverría. Luego vimos M ?CON LOS OJOS ABIERTOS?, el documental que él había dirigido y, por fin, tropezamos en www.lalectoraprovisora.com.ar con un artículo titulado UNA CIERTA TENDENCIA DEL CINE ARGENTINO, que él firmara.

Prividera ha cumplido 39 años y esto no tiene nada de extraordinario. No vamos a hablar aquí de M sino del artículo en el que, de un modo u otro, enjuicia al así llamado Nuevo Cine Argentino. Es indudable que se trata de un interlocutor válido, porque de lo contrario no valdría la pena ocuparse de él. En medio de toda la morralla que se publica tanto en internet como en papel, UNA CIERTA TENDENCIA DEL CINE ARGENTINO se ofrece a los ojos del lector como un acto de lucidez algo insólita.

Nos molesta ese escrito, nos pone de mal humor, nos intranquiliza. Pertenecemos a la generación intermedia o intermierda que se ha fugado, se lava las manos, mira películas por cable, escribe para los suplementos dominicales o habla sobre filosofía en TV. Otros nos hemos convertido en tortugones asimilados a las Altas Casas de Estudio. Los más, en abuelos caducos, cínicos o indiferentes. O peor, en los eternos Peter Pan que rondan los BAFICI. Tal vez por eso nos interesa que alguien de 39 años ponga en tela de juicio muchas ideas que forman parte del status quo.

ESTOY HECHO UN DEMONIO

De entre los dardos que Prividera lanza contra quienes forman parte del NCA se encuentran varios que son destacables: nos dice que los jóvenes cineastas argentinos han elegido a Rohmer, quien se olvidó de la política en favor de los autores, y no a Godard que siguió pensando el cine como sujeto de la Historia.

Esto es un demasiado porque el autor del artículo cree que los festivaleros cineastas conocen la obra íntegra de los franceses mencionados. Extralimitándose, Prividera supone que los integrantes del NCA han tenido como modelo a la otrora famosa nouvelle vague. Que esto ocurriera con los de la generación del 60 es, hasta cierto punto, comprensible. Pero el cine y el mundo siguieron su marcha y París dejó de ser el ombligo del universo hace ya varias décadas. Anclarse a ideas pretéritas no es aconsejable. Sin embargo, su afirmación es correcta: cuando se le dice a X realizador que su película coincidió con la desocupación plasmada por el menemismo, el interpelado amenaza con tomarse un frasco de cianuro. O como dijo un ya olvidado pope del NCA: ?Estamos más interesados en la estética que en la política?.

Prividera no puede ignorar, y creemos que no lo hace, que la antigua generación del 60 fue una suma de aislados voluntaristas y en eso los del NCA se parecen bastante a los sesentistas. Cuando afirma que no es casual que Manuel Antín, el preciosista ex cortazariano sea director de la ?exclusiva Universidad del Cine? está colocando sobre el tapete algo que, al menos hasta el momento, los de su ?generación? no se habían atrevido a enunciar por escrito. De ahí a inferir que no poca de la producción del NCA coincida con la tilinguería ?es su término- antiniana hay menos de un solo paso. Podría ser un juicio apresurado. No obstante y a juzgar por la recepción que de los productos hace el público, no nos parece errónea.

VIEJO BARRIO

Cuando el autor se dedica a la historia del cine argentino afirma que la ?época de oro? coincidió con la expansión económica del primer peronismo. En realidad, si bien existía un consumo masivo de cine nacional, la exportación a América Latina había conocido mejores épocas, las que fueron desde 1933 y hasta 1943. Su apresuramiento es notable y peca de superficial. Del mismo modo, si él considera que la mejor película de Hugo del Carril es LAS AGUAS BAJAN TURBIAS, ha visto la filmografía de este director tal y como la veían los antiguos próceres del gorilaje bravío. Peor aún: lo hace para ratificar su tesis de que el peronismo fue ?populismo inclusivo?. Afortunadamente y a continuación reconoce que con la caída del peronismo ?se inició el largo período pendular entre gobiernos débiles y autoritarios etc.?.

El otro director rescatado y también adherente al peronismo es Leonardo Favio. Lo que Prividera debiera conocer es que el tríptico en blanco y negro de Favio no fue visto en su momento, tal y como ocurría con todo aquel cine rodado por autores a finales de los años 60. El reconocimiento de la crítica no implicaba que Favio fuera bastante más popular como cantante nuevaolero protagonista de diversas peripecias para las revistas del corazón. Sí acierta, en cambio, cuando habla del desolador panorama ocurrido bajo la dictadura y pone de relieve otro tríptico: el de Adolfo Aristarain. Pero para él, como para todos los de su generación, el antiguo cine es, simplemente, un producto de estudios que se hacía por quienes tocaban el pentagrama. Es natural. ¿Qué pueden decirle a él nombres tales como Manuel Romero o Mario Soffici?

HOMBRES Y MUJERES DE BLANCO

Para Prividera no hay un ?manifiesto? que sindique al NCA como ?colectivo?. Sus disquisiciones teóricas son correctas y lo imaginamos, por la pluralidad de autores a los que cita, con formación universitaria. Sin embargo, y recordando lo que Homero Alsina Thevenet había escrito sobre la generación del 60, y ahora no en voz baja, vamos a decir que la batalla entre los egos, las rencillas, las aspiraciones a festivales, la estúpida creencia de que lo que se hace es importante y justifica nuestra vida, termina por perdernos de manera definitiva.

El autor soslaya todo esto pero nosotros no tenemos por qué hacerlo. No hubo ni hay jamás un frente común en el mundo de la imagen en movimiento. El fracaso de unos es la alegría de otros.

Cuando Prividera coloca a Roberto Arlt como un artífice de la síntesis forma-cultura popular, y admite que el cine argentino carece de un Arlt, nos recuerda a otro señor que nos dijo que en nuestro panorama cinematográfico no había un Borges. ¿El cine debe considerarse como en las viejas épocas el pariente pobre de la literatura o del teatro? ¿Hay un Shakespeare en el cine inglés? Esto nos parece algo impropio de quien tiene 39 años. Hablando desde los cimientos de un marxismo aggiornado, Prividera jamás hubiera pedido a un Borges para el cine argentino.

Por otra parte, si él se inscribe en la línea Boedo, Arlt, Tucumán Arde, el realismo sucio de Murúa y el cine militante de Solanas y Gleyzer, no tiene por qué bajar línea. No puede pretender que todo lo que se filme en Argentina caiga en ese saco. Es verdad que gran parte de la producción actual de NCA se muestra despreocupado de su historia o bien despreocupado por la historia. Esto da como resultado abulia existencial y un supuesto hermetismo que oculta nada-qué-decir. Sin embargo, admite que en los últimos diez años pueden rescatarse unos diez títulos. En verdad, esto no es nuevo. Desde siempre los productos de la imagen masiva son consumidos para pasar luego a la TV o a cualquier formato o a la nada. Esta tercera categoría, la NADA, pareciera ser el destino de todo lo rodado antes de 1970 porque nada representa ni para Prividera ni para sus coetáneos.

LA CULPA

El autor cree que el NCA no fue capaz de un proyecto colectivo por desdén o apatía ante el fracaso de la generación de sus padres, o bien por desdén y apatía ante la victoria de la generación de sus padres. Frente a esta afirmación se le podría pedir que a los 39 años ya está en edad de crecer. No sólo él sino también sus coetáneos. Si cada generación le echa la culpa a la anterior de lo que le ocurre, nadie es responsable de su propia vida. Esto no se diferencia de lo que ocurre con los políticos que se encaraman en sus puestos luego de las elecciones.

Hay, sí, observaciones atinadas en el ámbito estrictamente político: la democracia fue instaurada más por la derrota de los militares que por un movimiento auténticamente popular. Del mismo modo, quienes hacen cine parecieran desentenderse de lo siguiente: Argentina forma parte de América Latina, un continente que delira violencia. Esto les es ajeno a quienes, con ánimo festivalero, preparan recetas para viajar por el mundo y conceder reportajes.

No seamos ingenuos: los de la variante ?modernista? en el NCA, los de la road-movie, los que ofrecen una burguesía provinciana a imitación de lo que alguna vez hizo Beatriz Guido en sus novelas, los que intentan una pintura de ambientes for export, aguardan premios y reportajes. Ya se ha dicho más de una vez: están en la cola de los menesterosos esperando un crédito del INCAA. La extrema corrupción política existente no es ni siquiera esbozada por quienes filman en este país. No les interesa. Están más preocupados por una estética banal acreedora de recompensas internacionales.

No obstante, al autor se le va la mano cuando afirma que casi todo lo que estrena en la actualidad podría rodarse también bajo una dictadura. No, no es cierto. Habría que recordarle que desde los años 30, cuando las batallas de Sánchez Sorondo contra Manuel Romero hasta el sangriento 1976 hubo muestras de represión con respecto a título anodinos por caprichos arbitrarios de los funcionarios de turno, o bien gracias a una violencia cuidadosamente planificada para ?salvaguardar? al país, la familia, la moral, las buenas costumbres y yerbas parecidas. El NCA tiene muestras que no pasarían la censura de ninguna década del siglo XX hasta la llegada de Alfonsín. No exageremos.

En lo que tal vez Prividera pareciera acertar es en lo siguiente: desde el INCAA se alimenta al mero formalismo como opción ?modernizadora?. Pero no creemos que esa institución sea en un todo culpable, excepto de otorgar créditos de manera indiscriminada para proyectos que no van a resultar ni económica ni artísticamente. El autor solicita ?mayor apoyo a los realizadores jóvenes? de parte del INCAA. Cabe la pregunta: ¿mayor? Es una contradicción de su parte. ¿Para qué? La tecnología no impide tomar una camarita y rodar un largo en digital. Naturalmente, no habrá tantos reportajes ni existirán festivales internacionales, ni anheladas recompensas. Pero se estará filmando sin transformarse en esclavos del celuloide. El otro aspecto, el sistema alternativo de exhibición ya ha sido solicitado en varias oportunidades, así como también el uso de la TV para ?conformar un público renovado y potencial? que no se limite a observar el museo del canal Volver, añadimos nosotros. Aunque no es tan museo como parece, ya que los productos del NCA también van a ese canal.

PICADO FINO

Por fin, el autor suaviza el tono y admite que su intención no es bajar línea, ?sino apostar a las miradas verdaderamente plurales (y no meramente atomizadas por el mercado, incluido el del cine independiente)?. Y se encuentra verdaderamente acertado cuando habla del ?relativismo vacuo de la postmodernidad?. Y así llegamos a un acuerdo: porque lo que no nos interesa son esa serie de películas autocomplacientes y lastimeras del NCA, aquellas que carecen por completo de contradicciones, de un conflicto básico: poner en duda, ponernos en duda sobre nosotros mismos y acerca del mundo que nos rodea.

Es indudable que vale la pena leer el artículo de Prividera con atención porque, sin proponérselo y con sus limitaciones, intenta un esbozo de la generación a la que pertenece, habla sobre sus conflictos y nos acerca a una manera de hacer cine muy particular. Se puede discrepar aunque no pasar por alto. Desdichadamente, la apelación a la autoridad mediante la recurrencia a pensadores prestigiosos nos habla de alguien que necesita el apoyo de esas figuras para sostener una tesis. No es negativo en sí. Es sólo que cuando se adquiere mayor seguridad no se los cita textualmente: se los ha digerido y el lector puede sobreentenderlos. Nos interesa más su voz matizada con una saludable insolencia.

Publicado en Leedor el 25-05-2009