La otra parte del mar (II)

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¿Que seríamos capaz de hacer para deshacernos de un pasado horrorosamente escalofriante? Una vez más, Gerardo Begérez acierta con la dirección que realiza en La tercera parte del mar

La obra logra mantener el misterio de la historia hasta el final. Cargada de nivel poético, provoca intrigas y escalofríos. De a poco van produciéndose hechos y diálogos que nos ubican en el tiempo y en el contexto de estos dos personajes que insinúan ser uno solo y desdoblarse por momentos.

La crueldad del hombre pareciera no tener límites. Lo mismo sucede con la mente humana que divaga infinitamente de un lugar a otro buscando simplemente la tranquilidad de ser. Ser quien se es. Y aquí volvemos a un punto importante que plantea a mi entender esta obra ¿siempre se sabe quien se es? Tal vez el camino de la deseada felicidad no este en la tranquilidad, sino en saberse uno mismo y aceptarlo. Allí aparece la sonrisa final del personaje de Rodrigo: cuando entiende su propia naturaleza y se apropia de ella.

Victoria representa un eslabón perdido y olvidado en una cadena de perversidad. Volvemos al planteamiento de unificación de los personajes: quien se presenta como un alma en pena resuelta a cobrar su venganza con un ?ingenuo? Rodrigo, termina siendo una vez más una víctima ?ingenua? del hombre que la rodea.

La puesta en escena resalta y acompaña deliciosamente las actuaciones: La utilización del jardín del teatro nos ubica en situación a la vez que la escenografía nos inserta en un contexto del cual quisiéramos escapar. Los espejos cumplen similar función: nos obligan a mirar lo que no quisiéramos. Observamos la obra desde diversos ángulos que incluyen el fuera de juego, el pasillo detrás de las butacas.

Las actuaciones recurren a diversos matices expresivos para contarnos esta historia: el desarrollo de la voz, la deformación de la palabra, el juego con el volumen, el grito.

Los cuerpos de los actores son los que hablan por sí solos. Están allí y expresan las situaciones, las vivencias, las filtran por el cuerpo y las trasmiten. No es de extrañar, entonces que esta obra nos ?toque?, nos llegue desde algún espacio: la emoción, el rechazo, la compasión.

Es de destacar el minucioso trabajo de Javier Casielles en su diseño de luces. Provoca la idea de encontrarnos frente a una obra texturada. Resalta la piel humana, los gestos, provoca sensaciones, genera climas.

No podría quedarse fuera una mención importante para la musicalización quien contribuye a contarnos esta historia que al fin de cuentas nos habla (entre otras cosas) del deseo que tiene el hombre por ser libre, por desprenderse de la angustia y de la culpa. Por desatarse de un pasado que se presenta imborrable. La pregunta entonces es

¿que seríamos capaz de hacer para deshacernos de un pasado horrorosamente escalofriante?

Publicado en Leedor el 21-05-2009