La metamorfosis. 3ra Temporada

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Vivian Luz ha logrado en esta nueva temporada de La metamorfosis en el Borges una puesta impecable que logra sumar los tres lenguajes: danza, música y actuación.
La metamorfosis. El cambio final subió a escena por tercera temporada, esta vez en el Centro Cultural Borges. Ejercicio musical de Esteban Rozenszain, quien primero compuso en su piano la música inspirándose en el tal vez, texto más famoso de Kafka, encontró luego en la sociedad con la excelente coreógrafa Vivian Luz y el actor Carlo Argento la mixtura perfecta para llevar adelante una empresa riesgosa. Para que la misión alcanzara el éxito, Laura Ferrari elaboró la dramaturgia del arduo ejercicio de poner en escena una fusión, dado que para mostrarnos las diversas dimensiones de Kafka, se incorporó a La Metamorfosis, el texto “Carta al Padre”, ejercicio autobiográfico que plasma de un modo angustiante la imposibilidad de un vínculo o la destrucción del vínculo padre-hijo como la única posibilidad.

El resultado es una puesta que permite al espectador asistir a la dramatización de la alienación humana en su vértice más incisivo y al mismo tiempo entender cómo la mirada del otro nos constituye y, si nos desprecia, puede hasta convertirnos en una larva. En este caso, el desamor, en sus formas variadas llega a producir un borramiento del sujeto que pasa a ser un ?otro? monstruoso al cargar sobre sí el ultraje ajeno.

Vivian Luz ha logrado una puesta impecable que logra sumar los tres lenguajes: danza, música y actuación como tres expresiones que se funden e integran un todo que es mucho más que la suma de sus lenguajes.

Esteban Rozenszain ejecuta con destreza expresiva, en vivo, la música que acompaña las atribuladas peripecias de Franz Kafka o Gregorio Samsa, que unidos o separados son un mismo ser de angustia. La iluminación acompaña la diégesis y el diseño de arte le permite a Carlo Argento redelimitar permanentemente el espacio escénico que lo tiene como único protagonista.

Argento se las ve con la difícil tarea de mutar en varios sentidos y sale triunfante de todas. Por un lado sufre la transformación del famoso personaje kafkiano y con sutiles pero eficaces cambios de tono y vestuario, vuelve a mutar y se convierte en su padre, madre, hermana y jefe. Es, en esa instancia donde el cuerpo cambia, se crispa, contorsiona, y en distintas súplicas parece querer huir de su propio drama. Con una caracterización consumada, elaborada desde la emoción hacia la máscara exterior, Argento es Gregorio, Kafka y todos aquellos seres con los que no pudo, todos aquellos que no dejándolo ser, lo obligaron a mutar. Lo indecible, lo inefable, lo que no tiene nombre encuentra en el cuerpo todas las expresiones del dolor convertidas en gesto, emoción y en un latido que la platea percibe aunque no se escuche.

?Mi cuerpo entero me advierte ante cada palabra; cada palabra, antes de que permita que yo la escriba, mira primero en torno suyo?, escribe Franz Kafka a su amigo Max Brod, el 17 de diciembre de 1910. Desde el cuerpo se escribe y desde el cuerpo se representa. La metamorfosis. El cambio final es, en este trabajo magnifico, aquello que, inenarrable, está escrito en el cuerpo.

Publicado en Leedor el 15-05-2009