El silencio de Lorna

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De excelente factura cinematográfica, y con la impecable actuación de la actriz Arta Dobroshi, la película es acreedora al premio Cannes 2008 a Mejor Guión, premio bien merecido.

La película cuenta con una sólida estructura argumental que guía la narración, de manera que los saltos espacio-temporales restan en lo visual lo que aportan en los diálogos, a su vez austeros y simples. Este sistema provoca una constante incógnita: ¿quiénes son estas personas? ¿porqué actúan de esta manera? ¿qué sucederá?. No hay indicios, no hay obviedad. Sólo imágenes y sonidos puros de personajes que accionan y reaccionan ante la hostilidad del contexto urbano y social en el que habitan.

Los directores dejan que el espectador acompañe a la protagonista, que comparta con ella su vida, pero sin llegar realmente a conocerla, quedando apartado de toda intimidad, reflexionando. Para ello la cámara sigue a Lorna como si fuese su sombra, acercándose y alejándose, siempre junto a ella pero con una prudente distancia, respetuosa de su soledad.

Lorna es joven, tiene sueños, esperanzas. Su entorno es marginal y oscuro. La frialdad que ella transmite ante la manipulación responde al mundo materialista en el que está atrapada, el mismo que la vuelve calculadora. Vive en lo inmediato, en el límite. Agobia lo que no dice, la irresponsabilidad moral, el dilema ético.

Sin embargo su humanidad se hace latente ante la fragilidad de un otro, entonces Lorna es sensible.

Cuando decide reaccionar todo cambia, el clima de la película cambia, el paisaje y los sonidos cambian, Lorna cambia.