Noumea

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Secretos y detalles de un viaje por Nueva CaledoniaNoumea, capital de Nueva Caledonia

En 1513, el navegante español Vasco Núñez de Balboa descubrió en el istmo de Panamá la montaña del Darién. Desde su cumbre, de espaldas al Atlántico, vio delante de él una inmensa masa de agua que llamó Mar del Sur y que después sería el Océano Pacífico.

En esta inmensidad existen gran cantidad de archipiélagos e islas cuyos nombres no se conocen todos: pasan las 10.000.

Entre Australia y las islas Fiji se encuentra la isla de Nueva Caledonia cuya capital es Noumea, tierra estrecha de alrededor de 50 Km. de ancho por 400 Km. de largo atravesada longitudinalmente por una cadena montañosa.

En 1774 el capitán Coock descubrió esta tierra y le dio ese nombre pues su relieve le recordó aquel de Escocia llamado Caledonia. La isla estaba ocupada por los Melanesios más tarde llamados canaques y en 1853 por orden de Napoleón III Francia tomó posesión oficial de ella y estableció allí una colonia penitenciaria. En la actualidad Nueva Caledonia es parte de la República Francesa y sus habitantes gozan de derechos políticos. La lengua oficial es el francés.
El clima es semitropical, la estación templada se extiende desde junio hasta septiembre, y la cálida desde septiembre a marzo. Sus temperaturas extremas son 6º y 35º según la época y la altura.
La fauna marina es una de las más lujuriosas del mundo. Existen corales y extrañas especies que ofrecen un espectáculo de magia, medusas, celenterados y actinias o flores de mar, fijas y atractivas, peces delgados como láminas y de colores fosforescentes.
En navegaciones en lanchas, con fondo de cristal o en el Acuario de Noumea se puede disfrutar de esta fauna tan singular.

Los productos de extracción mineral principalmente el níquel, representan la casi totalidad de las exportaciones. Otros recursos son: pesca, agricultura, comercio y turismo. Para recepción de este último se brindan importantes hoteles y restaurantes entre ellos a orillas del mar se halla “L´eau vive” du Pacifique, atendido por las trabajadoras misioneras responsables de “L´eau vive” de Luján, en Argentina.

Desde el aeropuerto local de Magenta se parte hacia la Isla de los Pinos, en un vuelo de treinta minutos y avión pequeño, de ocho plazas.

En un ómnibus de excursión puede recorrerse la isla de tupida vegetación y escasas viviendas que tienen como exclusivo material constructivo la palmera (su tronco y sus hojas).
Por un camino de formación selvática de helechos arbóreos se llega a una gruta de estalactitas, para arribar después a la hermosa bahía de Cuteau con playas de arenas muy blancas. Aquí puede iniciarse un paseo por mar en veleros. Las aguas transparentes y
verdes permiten visualizar peces de curiosa mezcla de colores.
A la hora del almuerzo se regresa a la isla para disfrutar de una comida típica caledónica “Le Bougnat” servida por nativas al aire libre. ¿ En qué consiste esta comida?. Se hace un pozo en la tierra y se introducen leños encendidos. Sobre ellos un recipiente que contiene pollo, papas muy blancas, papaya y bananas. Se cubre con su tapa y sobre ella carbones encendidos. Se procede entonces a una lenta cocción por espacio de horas.

Después del almuerzo, un anunciado reposo nos sorprende con bien tendidas camas instaladas en las construcciones típicas ya mencionadas.

En 1848 hubo una revolución en París y los presos fueron llevados a la Isla de los Pinos. La población actual es poco numerosa; algunos indígenas de esta isla y de islas vecinas, otros procedentes de Noumea y chinos dedicados a la pesca.

Al regresar a Noumea pensamos que un día en la Isla de los Pinos es un paréntesis en el tiempo y la civilización para vivir como aquel hombre primitivo sin máquinas ni smog.

Nueva Caledonia isla del Pacífico Sur, donde las aguas azules y verdes, enmarcan una tierra de colinas y playas que recuerdan los paisajes perdidos y se convierte en singular atracción para la vieja Europa y también para el hombre de América.

Publicado en Leedor el 5-05-2009