Vanessa Ragone

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A punto de presentarse con su documental sobre Ruanda en el Festival de Toronto, con dos películas para estrenar este año, otra promediando el rodaje y una nueva en camino, Ragone parece incansable. Hay una relación muy estrecha con el cine en tu infancia?

Sí, familia santafecina de los años 60, con todo lo que significa Santa Fe en ese período por la movida intelectual. Mi padrino espiritual es Fernando Birri, una figura muy presente en mi casa. Otro personaje que está en mi niñez es Paco Urondo. Mi papá me regaló la primera cámara de fotos a los 8 años. Mi casa estaba llena de cámaras. Un recuerdo que tengo muy fuerte es cuando fuimos al cineclub de mi barrio, a ver El hombre con la cámara, de Vertov. Me acuerdo que en medio del ritmo que esa película tiene, de esa aceleración del cine que a mí me impactaba, de repente todo se detiene en esa imagen del caballo doble, para mí era un experimento, se podía detener una toma y construir otra secuencia.

¿Y qué te gustaría filmar, cuál es ese proyecto documental que siempre está ahí, esperando?

Una saga pequeña familiar. Cuando hice el documental sobre mi papá (Un tal Ragone, deconstruyendo a Pá), me dí cuenta que mi vieja era un personaje fabuloso. Entonces haría su historia ahora. Tengo la primera imagen de comienzo: una foto ella chiquitita, de 1926, en la playa. Ella atrás escribió ?Yo?, obviamente, ya de grande. Ese ?yo? me resulta muy disparador. Y firma con su nombre, Georgina.

También haría la vida de mi hermano, completaría la saga, Carlos José, que era alpinista y murió escalando el Mont Blanc.

¿Qué significa producir?

Básicamente es una responsabilidad. Hacer una ficción es mucha plata, entonces el tema es que se entienda. La ficción te obliga a hacer un producto entendible. Yo produje Los muertos de Lisandro Alonso, una película que no es para público masivo, y me encantó hacerlo. Lo que quiero decir es otra cosa, que hay una responsabilidad. Son fondos del estado, o privados, o mixtos, por eso, no es tu plata, hay que que cuidarla. El ciclo de una película dura aproximadamente cinco años, desde la idea hasta la venta internacional de la película ya rodada, que te puede hacer pensar en recuperar dinero. Por eso hay que pensar bien cómo administrar el dinero, cómo hacer posible ese tiempo.

A mí no me interesa trabajar para un público chiquito. Acabamos de hacer El secreto de sus ojos, dirigida por Campanella, y él no cedió un ápice sus ideas. Es un director que filma como quiere, sin condicionamientos, y que al mismo tiempo tiene una comunicación increíble con la gente. Llega a todo el mundo. Para mí es un director muy interesante, cómo maneja la relación con el público. Yo lo defino como un director independiente que llega al gran público.

¿Cómo llegaste a la producción?

Por casualidad. Porque venía de hecho autoproduciendo mis propias obras. De ahí pasé a las de mis amigos. Lo primero que hicimos fue Hermanas. Nos gustaba la historia, y la película funcionó muy bien, estuvo entre las 10 películas más vistas ese año. Buscamos un socio que nos ayudara, porque económicamente era imposible, y nos acercamos a Tornasol, la productora española. Y de ahí empezamos a emprender proyectos conjuntos, desde nuestra productora, Haddock Films + Tornasol.

Y no pararon? De Hermanas para acá, desde el 2004 al 2009, todo lo que hicieron?

Sí, la producción te abre un mundo. Te hace desarrollar otros lugares, te da una oportunidad integral de hacer cine. Tenemos para estrenar El corredor nocturno, dirigida por Gerardo Herrero y la película de José Campanella, El secreto de tus ojos. Estamos terminando el rodaje de Las viudas de los jueves y ya empezamos a encarar el nuevo proyecto, que significa contar en la dirección con Adolfo Aristarain, con quien vamos a filmar otra novela increible, La muerte lenta de Luciana B, de Guillermo Martínez.

Las viudas de los jueves marca un salto como productora de cine argentino?

Claro, es un proyecto enorme, reúne actores que nunca antes trabajaron juntos. La historia es fascinante, Marcelo Pyñeiro se entusiasmó enseguida en la dirección. Nos atrapó desde el libro, escrito por Claudia Piñeyro. Ya desde el comienzo con las negociaciones para adquirir los derechos, había otros directores y productores de primer nivel en la puja, y fue un desafío ya desde el vamos, pero lo obtuvimos. Y hubo que convencer a Tornasol de que, a pesar de ser una película tan argentina, iba a andar bien en España. Porque sucede en un country, y eso es bien de acá, y referencia nuestra historia reciente. Quiero aclarar que para los españoles esta es una película de alto presupuesto. Pero la gente de Tornasol es como el productor natural del cine argentino, y apuesta por nuestras historias, lo hizo con Paisito que es una historia muy uruguaya.

¿Te sentís parte de una generación que realiza un cine distinto?

No, para nada. Me gusta Resnais, Hiroshima mon Amour es una película que todavía la veo y digo: quiero hacer algo así. Me gusta Clint Eastwood, me identifico con su trabajo, Los puentes de Madison es otra película que me hubiera gustado hacer. También por supuesto, Leonardo Favio.

De mi generación, la directora de cine con la que más identifico, una realizadora que me asombra por su trabajo, es Julia Solomonoff, me parece la más aguda de nuestro cine, su última película, El verano de la Boyita, tiene una gran capacidad de comunicarse con la gente.

De todos modos, lo tuyo es el documental, en cuanto directora? En estos días se está pre-estrenando Los 100 días que no conmovieron al mundo, la película que filmaste en Ruanda.

Sí, no me imagino haciendo un proyecto de ficción. Cuando era estudiante, había posibilidad de hacer un proyecto de ficción y yo pasaba. El documental tiene características especiales. La ficción te obliga a hacer que las cosas vengan a vos y en el documental vos vas hacia las cosas. Soy docente de cine, me encanta ir a los otros, debe tener que ver. Es algo muy íntimo y a la vez te obliga sí o sí a contactarte con algo externo.

Hablando de Los 100 días? se presenta en Toronto ahora. Vamos a participar en el foro de coporducciones, tenemos expectativas de encontrarle mercados.

Seguramente en Canadá la historia es mejor conocida que acá, sobre todo porque uno de los militares que comandaba el tema de Naciones Unidas en el momento de la masacre era canadiense. Es una película para Argentina, para enterarnos acá de lo que pasó. Incluso, es una película pensada para la televisión, para acercar una historia a la gente.

Publicado en Leedor el 29-04-2009