Crudo

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Experimento, work in progress, perfomance y hasta un aviso en la gacetilla que reza ?Esto no es ficción? tratan de caracterizar la obra de Maiela Asensio sobre un lapso de tiempo en la vida del dramaturgo y director José María Muscari.
Experimento, work in progress, perfomance y hasta un aviso en la gacetilla que reza ?Esto no es ficción? tratan de caracterizar la obra de Marcela Asensio sobre unlapso de tiempo en la vida del dramaturgo y director José María Muscari. Lo que pone de cabeza las tipificaciones es que esta vida se cuenta en tiempo real y quien la cuenta es el propio Muscari, actor de su propia historia que, trastocando las nociones de ficción hasta el límite, hace de sí mismo.

Como Asensio y Muscari comparten la autoría, el espectador que llega al teatro tiene la oportunidad de convertirse en el fisgón de las dos miradas. Dos miradas que cuando comienza el rito se convierten en una, mortificando así la noción de realidad. Sabemos que cualquier vida que pasa a la representación literaria o dramática es una construcción porque el lenguaje, su material sagrado, lo es. Pero hay en Crudo mucho más novedad acerca de cómo contar.

En Crudo se narra en tiempo real un lapso de vida del ?personaje? Muscari. El espectador es invitado a ver, a espiar, a opinar y por sobre todo a compartir ese breve lapso (una hora y cuarto de espectáculo) en el que Muscari llamará a su casa y nos hará escuchar lo que efectivamente habla con sus padres. ¿De qué hablan? De lo que hablan todos los hijos únicos cuando por la noche relevan por amor y responsabilidad cómo están sus padres. Y desde afuera, desde la voz que trae la fibra óptica, el espectador puede ser cordialmente saludado.

Crudo significa sin cesar y varias veces: crudo por exponer sin ambages un pedazo de vida y sus miedos, amores, temores y deseos. Crudo porque cada noche esa vida tiene otras cosas que contar, otros mensajes que responder, otras preguntas para hacer y hacerse y en ese sentido todos estamos crudos, nuestro punto de cocción exacto es el límite de la vida.

El ámbito del Picadilly le otorga el clima intimista ideal para el relato. Una laptop, una pantalla gigante en la que se proyecta el escritorio del ordenador personal de Muscari, nos permite ver sus fotos, las de sus seres queridos, un video y hasta leer quién le ha escrito un e-mail, pues Muscari los chequea en escena.

El espectador puede percibirlo haciendo un sándwich para su dieta y oler el huevo friéndose en escena. Porque Crudo es perfomativa, Crudo acontece, es, existe cuando se ingresa a la sala y se distingue la novedad que es mucha. Acompañado por tres actrices que colaboran con sus cambios de vestuario, tipean el teclado del ordenador y bailan con él, el espectáculo exhibe espontaneidad y un muy buen diseño de iluminación que nos ayuda a seguir más de cerca al protagonista.

Por momentos desestabiliza todas las nociones de representación y eso no es obstáculo para la identificación. ¿Quién no ambicionó ser una adonis alguna vez? ¿Quién no teme que la burocracia de los institutos que rigen el destino de los jubilados les nieguen una cama justo en el momento más acuciante? ¿Quién no deseó que su condición sexual no fuera un freno a la hora de tener un hijo? Las alegrías, los miedos, los deseos y las esperanzas de una vida están en Crudo y salen crudas a escenas sin hermosear nada, sin adormecer las verdades ya que es en ese momento cuando Crudo acaece.

El teatro es un hecho irrepetible. Cada noche, cada función con sus signos, despliega en el rito una manera posible de representar. La obra de Asensio y Muscari entrega todo eso y espesa aún más el signo teatral cuando se juega a todo a nada y desnuda setenta minutos de ?una vida? que mañana tendrá el mismo pasado y un presente que con sus constantes se habrá llenado de nuevos símbolos.

Publicado en Leedor el 24-04-2009

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