Entre los muros

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Desafíos y barreras de la integración educativa en la primera Europa en este film del director de El empleo del tiempo.

Parece un documental, por la observación, la cámara en mano, los encuadres, la cantidad de personajes que parecen testimoniar al comienzo, pero es una ficción. En las escenas de la clase (que parecieran ser al menos mayoría) las imágenes se alternan entre las que muestran la cara del profesor de lengua, las que hacen lo mismo con los alumnos y los planos de la clase en conjunto. Como en un gran diálogo, más o menos duro, más o menos áspero.

Aquí y allá muchas voces a las que hay que escuchar, ninguna pasa desapercibida. Todas al mismo nivel, como una especie de síntoma de la situación. Los errores de conjugación, la necesidad de ampliar el léxico porque las palabras son herramientas, el tema de los nombres propios difíciles de recordar como si hubiera algunos más nombres propios que otros, la xenofobia latente a través de disparadores nacionalistas como el fútbol son motivos que permiten aflorar a estos personajes, y salimos del cine más que convencidos de que la bonita París madre de la primera Europa es la capital del tercer mundo, al menos en los barrios como el número 20.

La película transcurre, no tropieza en ningún momento, fluye en esas disquisiciones de las clases de lengua. Hasta que de pronto todo lo que podía irse al diablo efectivamente, se desacomoda, los conflictos soterrados se alinean detrás de uno solo que hace de detonante y tiene que ver con el corazón mismo de la interculturalidad, en un intercambio docente/alumno que se vuelve imposible. El sistema educativo tiene su límite. Y la tormenta estalla. Obviamente, quien quedará afuera será el otro, el extranjero.

Los 24 adolescentes que protagonizan la película son los mismos alumnos y sus padres que cursan el instituto Francoise Dolto. Se han entrenado actoralmente un año entero para ponerse a filmar, llevando a cabo talleres de cine todos los miércoles por la tarde en el mismo instituto. El guión está escrito a partir de la novela escrita por el propio profesor de Lengua que hace de sí mismo en la película, Francois Begaudeau. Las locaciones no son otra cosa que las del colegio, sus aulas, sus espacios para alumnos y sus espacios para docentes. Por eso quizás la película suena tan convincente. Buena parte de sus escenas y sus construcciones argumentales salen de la prueba y el error, también esto acentúa el aire fresco de documental sólido y vívido que tiene la propuesta.

Todo lo que vemos y oimos en Entre los muros es tan parecido a situaciones transcurridas en clase para quienes hemos sido docentes de nivel medio en escuelas públicas que la película nos deja reflexionando. Sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, donde día a día nos enteramos de que nuevos espacios educativos dependientes del gobierno comunal se cierran o achican en sus posibilidades y funciones.

La integración, la hibridación cultural y el acomodamiento de identidades para poder vivir y al mismo tiempo las esperanzas de cambiar en un granito de arena más no sea la situación educativa, son temas que forman parte de nuestras creencias en los valores humanistas del conocimiento como herramienta de cambio. Por eso la película tiene mucho que aportarnos y ayudarnos a pensar.

Publicado en Leedor el 15-04-2009