Los enfermos

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Una obra que nos acerca una particular mirada sobre el poder desde la melancolía y la locura. Entramos en la sala. Un hombre sentado durmiendo. Se apagan las luces y entran dos personajes. Nos cuentan el diagnóstico médico de alguien. Antes de preguntarse de quién hablarán, un personaje conocido por nosotros se despierta y entra en acción: ni más ni menos que Hitler, personificado por el actor Guido D´Albo.

Un monólogo en donde el propio personaje comenta la visión de su propia vida, pero desde una perspectiva poco usual para mostrarlo: humana. Desesperación, melancolía, resignación y suicidio.

El segundo acto, en el cual nos introducen los personajes de los médicos, nos encontramos con dos figuras no menos llamativas: Churchill y Stalin.

Los conocemos primero desde sus enfermedades físicas y luego por su modo de pensar. Ese es un elemento muy interesante agregado por su directora quien comenta ?Las figuras de los médicos no existían. Estaban colocados en el texto original a modo de didascalias? Iris Pedrazzoli dice que, con el consentimiento de Antonio Álamo (autor de la obra original) ella pudo adaptarla y agregar a estos personajes que cumplen la función de acercarle al público, el código de la obra.

Una vez presentados Churchill y Stalin, entendemos que el siguiente acto consistirá en dos potencias que se encuentran y se enfrentan por un tema que pareciera ser el preponderante: la ubicación del cuerpo de Hitler ¿Donde está? ¿Realmente esta muerto?.

Inteligentemente planteado, el tema es una excusa. Stalin sale a la luz: no importa la ubicación del cuerpo muerto. Importa la duda y el miedo porque provocan adhesión al Estado. La duda como medio de dominación de una Nación. Se caen los velos y aparece el verdadero eje de la trama: la desesperación por dominar, el deseo de poder, la fragilidad de necesitar gobernar a toda costa, incluso desde el miedo.

No puedo dejar de relacionarlo con ?1984? de Orwell. En la novela encontramos esta idea: ¿Que pasa si un pueblo no necesita al Estado? Este caería y con él, caerían cientos de ambiciones y perversiones. ¿Como provocar la necesidad? Colocando al Estado en la posición de protector frente a amenazas ajenas. De más esta decir que el terror, el horror y la desesperación son plantados por la misma institución o la misma persona que se proclama como nuestro defensor. Pedrazzoli concluye este pensamiento alegando que la temática es universal, se la puede trasladar a varios episodios de la historia del mundo.

Agrega que uno de los desafíos con los que se topó al montar la obra fue cómo acercar a estos personajes (que son ajenos a la historia de nuestro país) al público de Bs. As. ?Quería acercar a los líderes sin caer en estereotipos. Mantener cierto humor que aparece en los diálogos o en las situaciones, sin ser hiperrealista, pero a la vez darle importancia a los puntos clave en el texto. Poder ponerlos en el plano de ?comedia liviana? y de repente mostrar la realidad cruda?

El tercer acto nos muestra la decadencia del gobierno de Stalin. La temática es la posible traición de los ministros que tienen el rol de consejeros del gobierno.

Aquí se devela la fragilidad del factor miedo como soporte de un gobierno. La lealtad escasea y los oportunistas salen a la luz.

La escena final cierra perfectamente la obra: en el sillón del poder (que se encuentra en la extensión de la obra, a modo de simbología de una tiranía) muere Stalin. Detrás, su enemigo, Hitler quien lo mira con un cierto aire de triunfo.

Apagón. Final del juego.

Iris Pedrazolli tiene en su haber una carrera como actriz y como directora y considera a su mentor al maestro Roberto Villanueva. Ve en el oficio de director, entre otras cosas, un modo de crecimiento personal.

Cuando se le pregunta a Iris cuál fue el proceso de montaje de la obra señala primero un período de investigación histórica y análisis de texto por su cuenta. Una vez que supo que quería contar y como lo quería llevar a cabo convocó a los actores ?con tranquilidad para no equivocarme?. Comenta que lo que más le importó a la hora de seleccionarlos fue: ?que cuando terminasen de leer la obra tuvieran la misma pasión que yo. No hay que convencer a los actores. Uno elige que quiere o que no quiere hacer? [1]

Entrevista a Daniel Mancuso

¿Cual es el punto de partida que tomaste para componer el personaje de Bulganin?

El punto de partida siempre es el texto del autor, lo que quiere contar del personaje en cuestión, luego lo que yo pueda investigar sobre el personaje. Si es un personaje histórico, leyendo sobre él. Si es imaginario, tengo varios caminos que interactuan entre sí: la relación dramática que se establece en cada ensayo con los otros personajes, lo que yo imagino y pruebo en dichos ensayos, lo que me induce la directora, etc…

¿Que consideras que no le puede faltar a un actor para considerarse como tal?

Esta pregunta es amplia, puede ser registro de su entorno, capacidad de adaptacion a diversas propuestas y demas…
Para ser actor, como para cualquier otra profesión hay que dedicarle tiempo, voluntad, esfuerzo, sacrificio, estudio, y acción… la acción sobre las tablas es la concreción del hecho teatral y la suma de todo lo anterior.

¿Que sentis o sabes que aporta tu personaje Bulganin a la obra “los enfermos”?

Bulganin es un engranaje en una compleja trama de miserias humanas encaramadas en en el poder, que hace y deshace y juega con la vida de los pueblos. Pero es sólo una puntita del témpano sumergido donde se acumulan las peores cualidades de los hombres, al igual que Hitler, Stalin, Churchill, Franco, Batista, Pinochet, Videla, Bush, Olmert, etc…

Publicado en Leedor el 12-04-2009