Belle toujours

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Homenaje a Belle de Jour de Luis Buñuel 38 años después.
Este film retrata el reencuentro 38 años más tarde de dos personajes de Belle de Jour, el film de Buñuel. Husson (Michel Piccoli) se encuentra accidentalmente con Séverine (Bulle Ogier), quien constantemente le rehuye y rechaza. Finalmente accede a verlo en una cena donde él, en su sadismo, tratará de lograr la conquista fallida, recordándole aquel pasado que ella insiste en olvidar, y ella, en su perpetuo masoquismo, buscará de él la respuesta al interrogante que la persiguió durante todos esos años: ¿le develó Husson a su marido parapléjico la doble vida que Séverine llevaba?

El film de Oliveira, pensado como un tributo al director español y a su colaborador, el escritor Jean-Claude Carrière, trabaja desde el barroco. Sin embargo, para pensar a Belle Toujours como barroca, hay que dejar de lado la idea generalizada de que barroco es sinónimo de recargado. Si bien es cierto que críticos como Serge Daney afirman que Oliveira aborda todos los estilos cinematográficos, desde el realismo hasta el documental, no es por esto que lo mencionamos. Más bien, y retomando a teóricos como Sarduy y Calabrese, el barroco ?no es tanto un período en la historia de la cultura, sino un actitud general y una cualidad formal de los objetos que lo expresan?. En este sentido es que podemos pensar lo barroco en Belle Toujours.

Por un lado, hay una estética de la repetición. Personajes repetidos, duplicados, que hacen guiños con aquel film de 1967. No sólo Husson y Séverine, sino también la presencia de dos prostitutas, una joven y la otra vieja, que se encuentran en el bar que Husson frecuenta para contarle al cantinero su propia historia y que remiten al pasado de la protagonista. Repetición de imágenes: planos aéreos de París de noche y de día y de sus monumentos, objetos repetidos entre los films, lugares que recuerdan a otros.
Por otro lado, la estética del límite y el exceso. En primer lugar por el abordaje a la cuestión filosófica del sadismo y el masoquismo como prácticas que apuntan al límite del placer, en ese linde con el exceso. Toda presión sobre el límite posee el valor de tensión, de crisis. Esta tensión que los personajes llevan a cuestas por más de 30 años. La misma tensión que Oliveira genera en nosotros, en la demora de una resolución, en el regodeo en el trayecto más que en el desenlace.

Pero el exceso barroco no sólo es el exceso cuantitativo, sino también el cualitativo, el virtuosismo. Virtuosismo que aparece en las formas de filmar de este director, como la metáfora de la insistencia de Husson por alcanzar a Séverine: ella lo rechaza, y una a una comienzan a presentarse negativas; le cierran el teatro, las luces se apagan a su paso, el semáforo se pone en rojo?pero Husson persiste, cruza la calle de todas formas, así como insiste en buscar a Séverine.

Virtuosismo que se ve desdoblado en la pantalla en la orquesta sinfónica que abre el film. No son casuales todas estas duplicaciones, porque el doble y lo mixto, también son propios de la estética barroca.

Finalmente, la estética del detalle y el fragmento. Una cajita que encierra un insecto que no vuela, una restaurante cuyas paredes están empapeladas con cuadros en los que la cámara se detiene (nuevamente guiños al film de Buñuel), las esquinas de París y la torre Eiffel, el juego caravaggiesco de luces y sombras con los que trabaja Oliveira, particularmente durante la cena a la luz de las velas?la parte y el todo se incluyen mutuamente, mantienen relaciones de reciprocidad, intuimos el todo desde la fragmentación, desde detalles de una historia pasada, elidida, que se renueva. Y es fundamentalmente por esto último que Belle Toujours es barroca, porque se nutre de la cita, de la construcción de un texto a partir de otro previo, habitando el pasado y el presente como un todo.

Como dice Omar Calabrese en su obra ?La era neobarroca?: «Los objetos neobarrocos o releídos por una poética neobarroca asumen el carácter de ?estar siempre aquí?. Donde el ?aquí? incluye indistintamente toda la historia y consiste en una actualidad como concomitancia de todos los tiempos (?) Las duraciones de la historia dependen, de hecho, de la colocación de la contemporaneidad decidida por un sujeto actual.» (1989, 196)

Nunca tan cierto como en Belle Toujours, donde los 38 años entre una historia y otra no importan, y retomamos a los personajes donde los dejamos y los aceptamos como son hoy?

Publicado en Leedor el 12-04-2009