Esperando la carroza 2

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Cambios culturales y sociales alejan a la película de Condron de su original de los años 80.
Al hablar de Esperando la carroza 2 resultan inevitables las referencias a la primera parte, siendo ésta última una de las comedias que se mantienen fuertemente arraigadas en el imaginario de los argentinos.

Esperando la carroza supo captar un estilo de vida, ligado a la existencia del barrio, que se caracterizaba por el cruce, casi siempre ríspido- de la clase media baja y alta; los problemas de una familia que comenzaba a mostrar signos de putrefacción y canibalismo, el maltrato a una parte de los integrantes de la sociedad -los ancianos- y la necesidad, casi siempre insatisfecha, de reconocimiento social.

En la segunda parte, la ausencia de mamá Cora y otros personajes principales; el aggiornado y artificial estilo de vida de los nuevos ricos; y el cambio del barrio -que permitía perpetuar los ritos de la clase media-baja argentina- por un barrio privado como el lugar donde se desarrolla la acción, parece querer significar que muchas cosas han cambiado en el tiempo que separa a Esperando la carroza de su segunda parte.
La muerte fue el eje principal en torno al cual giraba la trama del célebre filme de 1985, el barrio, como horizonte de la historia, exigía la exhibición del cuerpo del muerto (supuestamente mamá Cora) a todo el conjunto de sus habitantes; el velorio era todavía un momento de socialización y, sobre todo, la posibilidad de ostentar la propia posición social -mediante la organización de un funeral digno-.

Lo que se encontraba en juego era la eficiencia a la hora de llevar a cabo un maquillaje cultural de los procesos naturales; una aptitud que permitía trazar distinciones entre las clases sociales, en el caso de la muerte, por ejemplo, los funerales con detalles fastuosos alrededor del muerto son más aptos para permitir su ocultación parcial y, en la medida de lo posible, su embellecimiento.

En la segunda parte, por el contrario, dicha eficiencia ya no ocupa un lugar central en la trama, las distinciones entre las clases sociales son trazadas de otra manera.

Así, el inminente nacimiento del hijo de Susana y Jorge (en tanto que posibilidad para demostrar la aptitud mencionada) es desplazado como potencial eje de la historia por la referencia a asuntos oscuros grabados en una cinta. La tecnología se convierte en un factor donador de status social, su introducción permite identificar y relocalizar las figuras de poder.

Los personajes de Betiana Blum y Luis Brandoni se mantienen inmutables y a través de ellos se pueden trazar las continuidades entre el filme de 1985 y su par de 2009. Las actuaciones de los miembros del elenco siguen siendo muy buenas pero resulta improbable que Esperando la carroza 2 se convierta en aquella síntesis burlesca de las idiosincrasias culturales que supo ser la primera parte, síntesis que la elevó al rango de objeto de culto por calar hondo en el imaginario popular.

Publicado en Leedor el 7-04-2009