Rumba

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El mundo colorido de la danza en un film bello y poco convencional
RUMBA

Rumba es una bella película , poco convencional, que cuenta con la triple dirección de Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy. Es la segunda entrega de este fantástico trío de artistas, esta vez en coproducción franco-belga. L?Iceberg (2005) fue su primer film.

Nuevamente tenemos como protagonistas a Fiona Gordon, Dominique Abel y Philippe Martz, tres fabulosos actores que provienen del teatro burlesco y convierten su cuerpo en línea narrativa, fuente de expresión y comunicación.

Fiona y Dom son maestros en una escuela rural. Están muy enamorados, comparten su pasión por el baile y suelen presentarse a concursos. Una noche, de regreso a casa, al evitar atropellar a un hombre parado en medio del camino que intenta suicidarse, se accidentan. A partir de ese momento sus vidas ya no serán igual?

La película está narrada con sencillez y dinamismo visual. Prima el lenguaje corporal, no verbal, acentuado con tomas de planos fijos casi silenciosos, donde los diálogos, simples y naturales, aportan lo mínimo y necesario. La actuación física, desde el movimiento kinésico de los actores, se convierte en el centro de atracción. Cuerpos que dialogan, que bailan, que caen y resisten. El gag y la comedia física se resignifican con su toque absurdo. Todo está en función del humor, creando así un mundo colorido, de cierta inocencia poética, para contar una historia de amor con un humor universal que atrapa desde el comienzo.

Es un film poco convencional que nos retrotrae a los tiempos del cine mudo, a su ritmo, a su ligereza y al espíritu de esos grandes directores y actores burlescos como Charles Chaplin, Jacques Tati, Buster Keaton o Harold Lloyd. Este tipo de cine, ya extinto, a través de Rumba revive en su esencia, y nos acerca una historia simple en la cual quedamos atrapados desde la actuación, el color y la música. No asombra por su complejidad, sino por la forma, por el movimiento cargado de espontaneidad.

Para estos multifacéticos artistas el baile siempre fue importante en sus trabajos. Eligieron para ello la música de las rumbas cubanas de los años 60, música sensual y física. No son bailarines pero les gusta moverse, y tomaron como un reto para este film, parecer verdaderos bailarines. El resultado es maravilloso, estos personajes danzan con asombrosa naturalidad una danza muy personal, un baile de salón con formas tomadas de la danza contemporánea, la comedia musical y los bailes centroamericanos. Todo un cortejo de amor.

En sus filmes todo es puro: la imagen, los gestos y el sonido. Todo esta allí por una razón. El universo alegre y poético que crean se estiliza en una medida justa. El color aporta el potencial pintoresco del film, tanto en la vestimenta, en la iluminación como así también en los escenarios. Este mundo colorido se complementa en escenas donde la lluvia, el viento, el fuego o el mar acompañan la imagen, componiendo una riqueza visual exquisita.

Publicado en Leedor el 3-04-2009

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