Marz

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Una película pequeña de sentimientos e incomprensiones, que nos habla del dolor frente a la muerte cuando ésta es sorpresiva, inimaginable y desafía el sentido común.

Un pueblito de ensueño de la zona de Innsbruck, en Austria, próspero, feliz, limpio y encantador; montañas, bosques y estaciones que se suceden, marcando la recurrencia y el paso del tiempo cíclico, como es el de la naturaleza que no se corta.

Este es el marco de una historia de jóvenes, adultos y viejos que no logran comunicarse a pesar de vivir en un comunidad cerrada y pequeña. Parecen no conocerse, no saber nada el uno del otro. Poco se dice de lo que ha sucedido, hay una incapacidad para hablar, para encontrar pistas o señales, signos, huellas.. sólo las imágenes, como espejos, y cierta frialdad descriptiva, planos de rostros, padres, madres y hermanos que reflejan el vacío de la pérdida.

Marz pone delante de nuestros ojos la idea de que quizás no sabemos nada de los seres que amamos, y da una vuelta de tuerca a la conflictiva relación de los padres y madres con sus hijos e hijas.

También nos permite pensar el hecho de que decidir cuándo morirse puede llegar a ser un acto de libertad y hasta creación, en sociedades contemporáneas donde la vida está pautada y organizada en todos los detalles desde la lógica de la felicidad. A pesar de ser tan pequeña y escueta, la película deja tela para cortar desde lo social y comunitario.

Como dato interesante de este film que ha ganado el pasado Festival de Locarno como ópera prima, digamos que su director, Händl Klaus, nacido en 1969, se destaca en su carrera como actor y dramaturgo de teatro. Quizás eso se note a la hora de pensar una historia de puras relaciones humanas, vacíos y soledades, donde los actores tienen que moverse con oficio delante de una cámara y apoyarse en una muy buena dirección.

Publicado en Leedor el 2-04-2009

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