Hunger

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Crudísima película irlandesa sobresale en la selección oficial del BAFICI 2009.Hay una sola escena que muestra en Hunger un diálogo de más de 5 minutos, el que entabla un preso y un sacerdote. Los demás diálogos cuando los hay, son escuetos, breves.

Porque la mayor parte de Hunger transcurre a fuerza de planos bien construidos, expresivamente encuadrados e iluminados, a veces incómodos, asqueantes, estremecedores.

Hunger no es explicativa, apenas al comienzo se ubica en tiempo y espacio: la Irlanda de 1981 y los prisioneros políticos de la cárcel de Maze.

La película relata tres momentos: el del carcelero de los puños sangrantes, el de los presos comunes y sus condiciones inhumanas de encierro y el de Bobby Sands líder de la huelga de hambre que terminaría por matarlo. Imperceptiblememente la narración de McQueen pasa de un momento al otro, sin ningún otro sobresalto más que el que la fuerza del tiempo del relato precisa.

Todo parece importante en esa construcción: desde las migas que caen en el desayuno del guarda, en el comienzo, hasta las lágrimas de un policía de choque que ingresa a la cárcel en uno de los momentos más fuertes de la película.

Hunger es fuerte, crudísima pero termina siendo una lección de cine para entender precisamente ese juego narrativo que hace que un punto de vista pase a otro y terminen por constituir uno solo: el de la pregunta sobre la humanidad más desnuda ubicada en los duros tiempos de la política de Margaret Thatcher.

Publicado en Leedor el 31-03-2009

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