Bonus Track

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¿Qué habrá atraído a Raúl Perrone, máximo referente del cine independiente argentino, de ese grupo de skaters suburbanos?Crecer de golpe.

En su filmografía, Bonus Track impresiona como uno de los films en que más cuesta discernir los límites entre la ficción y el cine documental.

La soledad y el desamparo, habitualmente presentes en las historias de jóvenes encaradas por el director, están presentes. Pero en este caso, el crecimiento y sus dolores tienen el rol principal. La mirada de Perrone hacia la juventud (la de los protagonistas y también la propia) es una mirada con ternura y piedad. La elección de los skaters y su mundo, antropológicamente detallado en las primeras escenas de la película, tiene a través de esas tablas, juguetes para chicos grandes, un elemento de movilidad y fuga. El espectador, los sigue, los alcanza por momento, los acompaña, intentando comprenderlos. Más allá del aburrimiento de esa tribu y los diálogos, Perrone muestra una singular sensibilidad para detallar los intentos de aproximación entre los sexos. Una escena notable muestra a los chicos, fuera de foco, desfilando en ronda, mientras las chicas en primer plano, eligen. Gran parte de la historia los muestra como pequeños pavos reales, mostrándose en un escenario. Una de las primeras tomas los sigue esquivando adultos y puestos en una feria cercana a la estación de tren. Es una toma de gran precisión narrativa y visual. Este es el primer largo de Perrone rodado (nunca mejor aplicado este antiguo término) en soporte de alta definición. Y al parecer, ese rango mayor facilitado por la consabida HD parece haberlo llevado a ejercer una mayor libertad/gozo estético y audacia formal.

El interior del cine abandonado, escenario absurdo y de laberintos, atardeceres nublados, debajo de la lluvia, son como pruebas experimentales en que Angel Arozamena -cámara y DF- parece haber puesto a prueba las ganas de experimentar, en encuadres y condiciones críticas de luz.

Ese gozo de filmar está presente a lo largo de todo el metraje. Tanto como el vacío -nuevamente el viejo cine en su gigantismo- de dejar la adolescencia y avanzar, sin ruedas e inexorablemente hacia el mundo adulto.

Publicado en Leedor el 1-04-2009