Ay, la Patrie!

0
4

Homenajeando cada revolución abortada desde el siglo XVIII hasta aquí, Cristina Escofet da a luz una obra excelente dónde guión y dirección obran como un exacto mecanismo de relojería.Trastienda de la Historia

Allons enfants de la Patrie, le jour de gloire est arrivé?

¿Fue la Revolución Francesa el vértice de la utopía de la libertad? ¿O fue sólo una revolución burguesa?

Susurrando el grito de albedrío que postula La Marseillaisse, nos sumergimos cadenciosamente en la agitación que nos prepara ¡Ay,la Patrie!

El espacio escénico es de una funcionalidad tan perfecta que con el sólo cambio de registro de los actores pasamos de una calle de París al muro donde será fusilada Camila O?Gorman. La historia transcurre frente a nuestros ojos, nos lleva a lugares extrañados, diversos y a veces demasiado conocidos. El marqués, encarnado por Pyr Zenergam, oficiará como narrador que enmarca los sucesos y de lazo entre las diversas situaciones históricas, que la obra narra con eficacia. Entre cínico y desvencijad, (como si toda la historia hubiera pasado por su túnica) nuestro Sade es el engranaje imprescindible para un juego de precisión milimétrica que permite la entrada de las actrices quienes como las agujas de un reloj van adelantando el tiempo de la Historia y mostrando sus constantes. Las mujeres son la Patria, querida, amada, violada, erotizada y preñada.

Primero Olimpia de Gouges guillotinada por creer que los derechos universales de la Revolución Francesa comprendían también a las mujeres. Luego Camila preguntando por su Ladislao frente al pelotón de fusilamiento. Una España en la que llueven las bombas sobre Guernica se muestra a través de los ojos de dos mujeres que invocan la figura de La Pasionaria. El sueño de Eva Perón cuando aún no se había sacudido el aire provinciano, también se revela ante nosotros. La Patria es mujer, por ello vive encinta de sueños de libertad todo el tiempo. Sueños que se convierten en pesadillas desde 1789 hasta la masacre de Ezeiza, sueños que son eso: un relato posible, el relato de lo que fue, de lo que pudo haber sido si una revolución hubiera subvertido el orden y los derechos se hubieran democratizado.

Mercedes Fraile y Florencia Kermen componen respectivamente a la Mujer 1 y Mujer 2, haciendo una interpretación impecable que nos hace suponer muchísimas horas de trabajo, ya que no solo se lanzan -al igual que Pyr Zimergan- sin fisuras con un texto bello y complejo sino que cada patíbulo, cada momento sensual y erótico , cada lucha y cada embarazo están escritos en el cuerpo y se pasean ya que la cuarta pared queda eliminada, los espectadores son también protagonistas de la historia.

Cristina Escofet homenajeando cada revolución o ilusión de identidad abortada desde el siglo XVIII hasta aquí, da a luz una obra excelente en dónde guión y dirección son un mecanismo de relojería que da la hora exacta de la Historia.

Publicado en Leedor el 17-03-2009