Mamachas del ring y La Mére

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Dos documentales independientes con sello BAFICI nos hacen reflexionar sobre la presencia de la dupla mujeres y pobreza en un género que se enriquece cada vez más.
Tuvimos ocasión de ver dos películas que tienen como protagonistas a las mujeres. En un caso se trata de damas de Bolivia, con Mamachas del ring y por otro lado, de una mujer rusa, con La mére.

Mujeres que cobran un protagonismo activo en sus propias vidas y en las vidas de sus familias y en su comunidad, planteando otras problemáticas con su hacer político.

Mamachas del ring, es estreno mundial en el marco del Festival de Cine Independiente en Buenos Aires, nos permite asomarnos a un universo desconocido: el de las mujeres luchadoras en Boliviana que se dedican a brindar exhibiciones de catch, en un mundo masculino donde sufren doble discriminación, por ser mujeres y por ser ?cholas?, mujeres aymara ?de pollera?, que se resisten a usar vestido o pantalones y a esconder así su cultura y sus costumbres.

En su camino surgirá un personaje que desarrollará el negocio de un modo más cirquense y racional, al que verán como la causa de su decadencia y de su imposibilidad de reunir público. Esta relación con este antagonista es representada con animaciones de plastilina, lo que le de un ritmo y una estética particular a este documental, que de todos modos, arranca con la protagonista a las piñas, casi como una nota de color, y termina hablando de de mujeres que no quieren bajar los brazos aunque ya no puedan luchar.
Con testimonios de sus protagonistas y un seguimiento en todo el derrotero de la luchadora estrella y estrellada, Carmen Rosa la campeona, la coreana Betty M. Park, directora del film, nos muestra el contexto social y económico de estas mujeres, su familia y su público a lo largo de las barriadas más pobres de La Paz y Oruro.

La mére, el otro documental que descubrimos, nos habla de Liubov, una mujer que se desvive por sus hijos, con una infancia muy dura y un presente para nada sencillo en la Rusia europea. Es una mujer que fundamentalmente tiene amor para dar, sencilla y trabajadora incansable para encaminar la historia de su familia.

Es una especie de heroína de novelón ruso, cuya historia de vida fue registrada a lo largo de 3 años de recopilar filmaciones. El esqueleto narrativo está organizado por su viaje al encuentro con su hijo mayor, preso liberado. No nos cuenta mucho del hecho en sí, pero podemos inferir que aquí como allá, la pobreza y la cárcel van de la mano. A medida que ese tren avanza nos vamos enterando de su historia personal y familiar.

Esta mujer y su hija, Olessia, que parece seguir sus huellas, crían a su familia (un total de 9 hijos más un 10 que quieren adoptar), llevando adelante una vida dura en lo que ha sido una granja comunitaria, donde el campo sigue siendo una tarea de supervivencia cotidiana, no hay especulación con la soja si no una pobreza infinita y una capacidad de trabajar materialmente contra las duras condiciones.

La productora nos cuenta luego que esta película decididamente no podrá verse en Rusia ya que la censura no va a permitir esta historia que cuenta la miseria de aquella parte del mundo. No obstante, por esas paradojas que también encontramos por estos lares, la película fue premiada como la mejor del año por parte de la crítica de su propio país.

La globalización tiene estas posibilidades que no hay que dejar pasar: la de poder participar en otras historias para reflexionar sobre el documental como una ventana que nos enfrenta con lugares nuevos y mujeres de historias densas y sensibles.

Publicado en Leedor el 31-03-2009