Tribunal de mujeres

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Fundamentalismos de género y juzgamientos en esta obra de Naomí Ragen en el espacio Ben Ami, de Buenos Aires.La segregación de mujeres es un flagelo que acosa a un género, siempre en lucha por sus derechos, en un mundo desigual. Existe un amplio repertorio de quebrantos que se infringe sobre el sujeto femenino. En varias latitudes las mujeres son víctimas elegidas per se, mártires de feminicidio, de segregación, de trata de personas y en gran parte del planeta impedidas de decidir sobre su maternidad y su cuerpo. Lo que estas situaciones muestran es que la supremacía masculina con la que fue concebido el mundo no ha terminado y algo aún más dramático que la puja por la hegemonía es la constatación fehaciente de que, si bien las mujeres llevan la peor parte, el resto de la sociedad se perjudica ante el hecho discriminatorio o segregacionista.

Tribunal de Mujeres cuenta cómo una comunidad que llega a la talibanización de la religión, expulsa a una mujer de un barrio haredi (ultraortodoxo) y expande el dolor hacia sus hijos en un gesto, tal vez, sin retorno.

El texto de Naomi Ragen no deja dudas sobre lucha que deben enfrentar las mujeres ante la condena de los hombres de negro y ?las patrullas del pudor? que vulneran las libertades femeninas hasta el paroxismo con la excusa flagrante de controlar cuestiones tales como la permisividad, el erotismo o sencillamente la educación universitaria que podría comprometer el equilibrio económico, dado que las mujeres deben trabajar para que los esposos puedan dedicarse al estudio de la Torá. A ellas se les ordena, se les exige y se les condena.

Desde el inicio del espectáculo una voz en off nos anoticia sobre el recorte de derechos a los que son sometidas las mujeres de las comunidades ultraortodoxas judías. Esa misma voz masculina, aporta en otros segmentos de la obra, datos sobre cómo es ser mujer en esas comunidades.

El texto acierta al evidenciar cómo los mandatos están enquistados en lo más profundo provocando el juzgamiento desde el propio género. Esa mujer que ha debido abandonar a su esposo y a sus doce hijos, no tiene la posibilidad hasta el final de la obra -donde un tribunal de mujeres decidirá si puede volver a ver sus niños- de contar las razones que la impulsaron a alejarse. Y las faltas horrendas de marido son banalizadas, negadas o relativizadas por su suegra y otras mujeres que no pueden aceptar que en una mano se tenga la Torá y en la otra la concupiscencia.

La puesta en escena se beneficia del pequeño escenario para reunir a once mujeres, de modo que el espacio escénico oficia como un área de opresión, asfixia y sometimiento. Fuera de ese ?adentro?, las mujeres de la casa observan el exterior que funciona como la mirada de los otros, siempre restrictiva y condenatoria.

El tono declamatorio de las actuaciones logra generar un ambiente grave que sumerge al espectador en el suspenso del secreto, da en el tono justo de la tragedia de esta madre privada de sus hijos y a la vez vela algunas debilidades actorales.

Tribunal de Mujeres nos alerta sobre el espejismo de creer que la tardomodernidad ha traído la igualdad, cuando en realidad donde haya un fundamentalismo habrá siempre un derecho segado.

Publicado en Leedor el 24-03-2009

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