Las mujeres de los Nazis (II)

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En buena hora llega este re-estreno de impecable guión, actuaciones y puesta en escena sobre las oscuras horas del nazismo.El tríptico que componen estas obras permitiría verlas juntas o individualmente pero acaso hay algo que excede el orden de la duración de cada una de ellas (alrededor de media hora) que logra un in crescendo dramático que, sin excesos, logra desplegar los sentidos del horror.

Las 3 puestas: ?La inquietud de la señora Goebbels?, ?La convicción de Irma Grese? y ?El dilema de Geli Raubal?, dirigidas respectivamente por Héctor Daniel Levy, Clara Pando y Laura Yusem, abordan, desde distintas aristas el lugar de las mujeres en torno al nazismo. Distintos roles para las mujeres y un mismo significante que se traslada por las 3 puestas: el mal.

Que el Holocausto fue el fracaso de la Modernidad ya ha sido dicho con extrema lucidez por T. Adorno. Que el proyecto de Hitler consistía no sólo en asesinar judíos sino en borrarlos como pueblo de la Historia, queda claro cuando uno se acerca al horror de la Shoah. Pero una señal que el texto de Levy pone de manifiesto es la labilidad de la ética. Si la sola existencia del fürher no justifica el nazismo, hay algo en términos de una ética individual que falla y hace posible el espanto.

La inquietud de la señora Goebbels, impecablemente planteada en un espacio que escenifica un tren que, según quién lo narre, avanza veloz o se paraliza en un paisaje fijo. El viaje es el último para la señora Goebbels, en él reencontrará a un viejo amor judío, en él lo negará y olvidará el nombre de 3 de sus hijas. Tal vez todos ya estén realmente muertos, tal vez los nombres olvidados sean los hijos que como abortados han quedado muy lejos porque el régimen de Hitler asesina cada día a los hijos de los ?otros?.

La convicción de Irma Grese, plantea otra cara de lo indecible. Dos actrices y un actor encarnan las diversas formas de la muerte: una enfermera judía que ayuda a las mujeres a abortar siendo prisionera. La sociópata Irma Grese, obnubilada por la figura del Dr. Josef Mengele, médico jefe de Auschwitz, quien envía a las embarazadas a la cámara de gas. La figura masculina es otra cara de la muerte, es un experto en ejecuciones, ejecutará a los culpables. Estos tres caracteres de la muerte (con iluminación y vestuario que funcionan en forma indicial), desenmascaran tres patéticas variantes del asesinato: para salvar, para exterminar y para asestar justicia.

El dilema de Geli Raubal no escapa a lo inefable de las puestas anteriores. ¿Es halagador ser el amor de Hitler? ¿El poder como arma de seducción puede arrastrarnos al abismo? Geli Raubal atraviesa una gran contradicción, por un lado es tentador ser la mujer preferida del hombre más poderoso del momento, por otro y a pesar de los consejos de su madre, pertenecerle es renunciar a la vida. Pertenecerle es casi cometer incesto, alejarse del verdadero amor a favor del verdadero y absoluto poder. Su madre, ciega en todas las acepciones de la ceguera, jamás vislumbra que esa ruleta rusa en la que vive Geli, disparará la bala fatal.

En buena hora llega este re-estreno de impecable guión, actuaciones y puesta en escena para recordar aquellas palabras de José Emilio Pacheco sobre el nazismo:

?No se puede olvidar, no se puede perdonar, sólo se puede volver a contar mil veces lo ya contado para evitar el olvido?.

Publicado en Leedor el 19-03-2009

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