La ventana, de Carlos Sorín

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Pantalla Pinamar: una forma más relajada de ver cine y la oportunidad de establecer contactos con personalidades y colegas del cine.

Los Festivales de cine tanto locales (Mar del Plata, BAFICI) como internacionales (Cannes, Berlín) suelen demandar del cronista un enorme y a menudo agotador esfuerzo organizativo, a fin de poder asistir al mayor número de exhibiciones diarias. Dicha exigencia es entendible dado que de lo que se trata es de no perder oportunidades, con frecuencia únicas, de ver obras que quizás nunca más se presenten. El otro factor agobiante y nada despreciable resulta de la comúnmente no coincidencia geográfica de las salas donde tienen lugar las diversas funciones de cine, obligando a desplazamientos físicos y los correspondientes tiempos necesarios para dicho traslado.

Pantalla Pinamar resulta una experiencia casi opuesta a la apuntada en el párrafo anterior. La eficiente organización de este evento, que más que un Festival es una muestra de cine, ofrece una alternativa relajada de ver cine, asistir a muy puntuales conferencias de prensa, estar alojado en un cómodo hotel a pocos metros de las dos únicas salas de cine y disponer de una generosa oferta, a elección del crítico, de una veintena de restaurants, a los que se accede casi siempre luego de una agradable (y corta) caminata de pocos minutos.

Es claro que no puede compararse a esta muestra, de algo más de 50 largometrajes, con la oferta de los festivales antes mencionados.

Esta misma semana fue presentado el 11º BAFICI y entre los anuncios realizados por su director artístico, Sergio Wolf, se destaca la incorporación durante la primera semana del total de salas del complejo Hoyts Abasto y la presentación del intimidante número de 417 películas entre largometrajes y cortometrajes.

Esta quinta edición de Pantalla Pinamar se inauguró el sábado 7 de marzo con la proyección de ?La ventana?, sexto largometraje de Carlos Sorin, que contó con la presencia de su realizador y de varios de los intérpretes principales. Para este cronista fue además la oportunidad de reencontrar al director luego de cuatro años. En esa ocasión se trató de la elaboración de una extensa nota sobre su trayectoria cinematográfica, a pedido de la publicación International Film Guide que lo había elegido entre los cinco ?Directors of the year?, junto a Cronenberg, Haneke, Chéreau y Deepa Mehta.

Para quienes se habían acostumbrado a películas como ?Historias mínimas? y ?El perro?, con claro predominio de ?no actores? como gusta llamarlos Sorin, ?La ventana? implica un regreso aunque sea parcial a su extraordinaria opera prima ?La película del rey?, donde se mezclaban nombres tan significativos como Julio Chávez, el querido Ulises Dumont y Ana María Giunta con otros sin experiencia actoral.

Es así que en ?La ventana?, el rol central es asumido por el conocido escritor uruguayo Antonio ?Taco? Larreta (?Las cosas del querer?, ?Yo, la peor de todas?). El veterano artista dirigió además el film ?Nunca estuve en Viena?, donde actuaba su compatriota, hoy también octogenaria, China Zorrilla que lo homenajeó en la inauguración de la muestra cinematográfica.
Don Antonio (Larreta) vive en una casa de campo en un lugar alejado y bajo el cuidado de dos solícitas empleadas, rol a cargo de dos mujeres sin mayor experiencia actoral como le gustan a Sorin. Está muy enfermo y aguarda a su hijo, un concertista de piano eximio que vive en el extranjero, del que está distanciado.

Pese a su aislamiento, por la casa de Antonio desfilan diversos personajes, algunos habituales como el médico que compone Arturo Goetz u otro interpretado por Luis Luque y otros excepcionales, como el afinador, contratado en ocasión de la visita del pianista. Este rol es interpretado por un verdadero profesional ya que, en palabras de Sorin, ?es más fácil enseñarle a actuar a un afinador, que afinar a un actor?.

La llegada del hijo (Jorge Diez), en compañía de una nueva pareja (debut cinematográfico de Carla Peterson), marcará el momento culminante de una historia que podría calificarse como ?mínima?, parafraseando a su director. En efecto, es poco lo que acontece en los escasos ochenta minutos que dura y donde mucho es apenas sugerido por el director para que sea el propio espectador quien lo elabore.

Se reconocen en la obra diversas influencias entre las cuales la de uno de los escritores preferidos del director, nos referimos a Chejov y también Raymond Carver y su cuento ?Tres rosas amarillas?. Otras dos referencias que el realizador señalara durante la conferencia de prensa fueron ?Madre e hijo? de Sokurov y sobre todo ?Cuando huye el día?. La muerte, al igual que para el profesor de la obra de Bergman, está próxima aunque en este caso el personaje de Antonio estaría libremente inspirado en la figura del padre de Sorin.

Párrafo aparte para dos escenas casi idénticas, al principio y fin de ?La ventana?, que intentan reflejar un sueño del moribundo anciano. Al no haber nunca antes filmado este tipo de situación, el director con mano maestra apela a una especie de película muda, elaborada en sepia, que aparece como una metáfora totalmente lograda. Las figuras que allí aparecen, particularmente la de la madre (Noemí Frenkel), son algo difusas y el propósito reconocido de esta escena es que el propio espectador se involucre en lo que pasa por la mente de un hombre, a quien lo angustia su pasado y la cercanía de la muerte.

Una tercera oportunidad de encuentro con Sorin, durante la aplaudida presentación en Cine Club Núcleo el martes último, no será la ?vencida? ya que el jueves 19, junto a Luis Kramer, uno de los nuevos colaboradores de Leedor, tendremos la fortuna de entrevistarlo en el programa Cinefilia de FM La Tribu, en el horario habitual de 19 a 20 horas.

Publicado en Leedor el 12-03-2009

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