Querida Mara

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Un documental de muy buena factura que nos muestra otra cara del sur, visible en Pantalla Pinamar. Querida Mara, cartas de un viaje por la Patagonia

Una larga carta para alguien llamada Mara, escrita con una cámara de cine y editada en 90 minutos. Se desglosa en palabras que caen justas con cada imagen, en un maridaje perfecto entre el ojo y la voz. Nos lleva un emisor que viaja con los protagonistas, como un testigo que le narra a ese nombre lo que ve. A Mara, como la liebre patagónica, a momentos mítica y legendaria, a momentos plaga y perseguida.

Más allá del tema, nos encontramos con un documental muy bien realizado. Al comienzo, la voz que escribe dice dos palabras que bien pueden sintetizar toda la película: belleza y paradoja. Porque pocos lugares del mundo son tan bellos como la Patagonia. Pocos sonidos tan fundamentales y metafísicos como ese viento. Y sin embargo, lo que allí tiene lugar es una historia de pobreza, injusticia, soledad, separaciones y abandonos…

Destino de nuestros sures, de eso habla esa voz. Desde Corrientes, una provincia plena de recursos, que quizás sea símbolo como pocas de la corrupción y el vaciamiento en la Argentina de los ´90, se ven obligados a migrar para trabajar como peones golondrinas estos hombres que viajan en un autobus desvencijado por toda la Patagonia, desde La Pampa hasta el límite con Chile en Santa Cruz, esquilando ovejas. Sin ducha ni baño en condiciones mínimas, en jornadas extenuantes, durmiendo en barracas sin luz o al aire libre, con temperaturas bajo cero, en las mismas condiciones que lo hacían sus predecesores, hace más de cien años.

No sólo no hay políticas, leyes o planes de gobierno que contemplen la situación más que informal de los peones rurales. Tampoco hay trabajo social. Ni menos que menos, una voz sindical que se eleve para denunciar lo que es una forma de trabajo casi esclava, por unos pesos que les llegue a la familia que ha quedado esperando.

Querida Mara es la mirada de un cronista que reflexiona el presente a partir de lo cotidiano del trabajo, retomando las huellas de las grandes luchas sindicales de la Patagonia trágica, y sus memorias que no han sido aún vindicadas. El viaje entronca a momentos las esperanzas de estos hombres que van a la esquila con la huella de otros desplazados: los pueblos originarios primero y luego los inmigrantes que fueron a hacer la patria y dejaron su vida por ideales y derechos.

Pantalla Pinamar cuenta con dos documentales en su programación. Este que nos tocó ver es más que recomendable y necesario. Gracias a él comprendemos que una cámara, además, es un excelente instrumento para escribir cartas sobre lo que los hombres viven, sueñan y sufren.

Carlos Echeverría ha dirigido otros largometrajes que completan su particular punto de vista sobre la vida en el sur argentino, siempre dentro del género documental: Pacto de silencio (2006), Los chicos y la calle (2002), Juan, como si nada hubiera sucedido (1987) y Cuarentena (exilio y regreso) (1983).
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Publicado en Leedor el 10-03-2009