El último encuentro

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Buenísima puesta de una obra de Sándor Márai en el Teatro de la Comedia
?Una habitación se puede mirar de dos maneras: cuando se la conoce por primera vez o cuando se la mira por última vez.?

Asi de claro y eficaz es el texto de Sándor Márai, novelista húngaro que es rescatado en los últimos tiempos, tras su suicidio en 1989, como el gran exponente de la literatura de la Europa Central. La totalidad de su literatura (La herencia de Eszter; Divorcio en Buda; La amante de Bolzano; La mujer justa) apela a la nostalgia: una fuerza que remite necesariamente al pasado, siempre mejor, siempre irrecuperable.

Hay muchas primeras y ultimas veces en este El último encuentro el bellísimo texto de Sándor Márai puesto en escena en el Teatro de la Comedia, de Buenos Aires, desde principios de enero.

Fundamentalmente porque es una obra que habla del pasado, y el pasado destila primeras y ultimas veces; y luego porque de la suma de esa cantidad de encuentros surge todo el diseño de dos vidas.

Henry cuenta su punto de vista, una serie de sensaciones y recuerdos, producto de una soledad acumulada. Conrad visita a su amigo después de 41 años, tras una huída incomprensible y un secreto inconfesable. Henry se sumió en la oscuridad de una casa solitaria en un bosque y la atormentada idea de una traición. Niní, el ama de llaves, ex madre de leche de Henry (con la soberbia solvencia de Hilda Bernad), va y viene llevando la cena, el café, narrando el encuentro como si fuera ya un hecho del pasado. Sin embargo el hecho está ahí. Es el presente de la obra: un momento en el que se pueden decir las cosas más terribles y seguirán siendo amigos.

La puesta de Gabriela Itzcovich apela a lo tradicional: actuaciones respetuosas y gentiles con un texto potente, y una puesta en escena que en sólo dos momentos se abre hacia el publico: cuando llega el visitante y cuando Niní se baja del escenario y se sienta en los primeros asientos.

En esa habitación de muebles antiguos se dibuja una geografía de recuerdos. La amistad y la vejez son los grandes temas de la obra.

La sala está repleta y el aplauso final, de pie, premia un esfuerzo de 1 hora 20 minutos de estos actores mayores ya consagrados, que trasmiten fuerza y serenidad, tanto como el texto que los alberga.

Publicado en Leedor el 25-02-2009