La última cena

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Con un reciente premio Estrella de mar al mejor espectáculo off, esta obra de Dan Rossen adaptada y dirigida por Sebastián Blanco Leis pronto se podrá disfrutar en Buenos Aires.?La última cena?, de Dan Rossen adaptada y dirigida por Sebastián Blanco Leis (último discípulo directo del maestro Carlos Gandolfo), sube a escena todos los fines de semana en el Teatro Diagonal, de Mar del Plata.

La obra narra la historia de cinco amigos graduados que realizan estudios de post grado. Comparten la misma casa en un barrio de la zona norte del Gran Buenos Aires y con regularidad ven el programa televisivo Panorama Global, criticando y discrepando con el discurso de su conductor. Una cena dominical también es habitual y es la ocasión en la que invitan a alguien con quien debatir algún tema.

Sus vidas acontecen del modo acostumbrado hasta que cierta noche la invitada que esperan falla y el destino les convida a cambio un fanático nacionalista, Rodo. En este caso el debate se vuelve apremiante hasta evolucionar hacia una violenta discusión. Imprevisiblemente la situación se sale de cauce y se origina una pelea que termina con la muerte de Rodo.

Frente a este hecho inesperado, examinan las posibles derivaciones de los hechos. Se debaten entre llamar a la policía y alegar defensa propia o enterrar el cuerpo en el jardín. Concluyen que han obrado en modo correcto librando al mundo de un ser perverso, y resuelven continuar la rutina de las cenas dominicales, con una condición: los futuros asistentes deberán ser representantes de posturas absolutamente antagónicas a la de sus anfitriones a efectos de crear un debate cuyo objetivo es cambiarles el modo de pensar y por medio de una argumentación persuasiva no logran cambiar su postura? entonces le convidarán el platillo fuerte de la casa: una exigua pero efectiva dosis de arsénico.

La adaptación de Blanco Leis sale airosa del desafío de transpolar a nuestra historia más reciente los debates que, en el original norteamericano indagan sobre el nazismo, la homofobia, el antisemitismo y todas aquellas formas de la intolerancia a la que son sometidas las minorías. La obra recorre con acierto temas álgidos cuyas heridas aún no han cerrado y que parecen paradójicamente actuales: la dictadura del 76?, Malvinas, la hipocresía que aún reina en nuestra sociedad respecto de los derechos de género, de la diversidad sexual, y la siempre sospechosa piedad de la Iglesia (sospechosa de impiedad justamente). Pero con un complemento: el humor. Sarcástico a veces, ácido otras, negro las más, el humor hace posible tolerar la serie de asesinatos (9 ¿o más?) que acontecen y se resuelven con gran pericia.

El espectador es desafiado a seguir dos historias, la de la casa y la que da cuenta de los sucesos del acontecer exterior que comenta el programa Panorama Global.

Es espacio escénico es otro acierto de resolución impecable. El interior de la casa es un corte netamente realista y el exterior, jardín donde se depositan los cuerpos de las víctimas tiene una enorme carga simbólica. Así la escenografía es completamente funcional a la historia, al recrear, delante del proscenio, el ámbito del programa televisivo que reproduce un estudio de televisión con una pantalla que lo conecta con un tercer espacio: el de exteriores.

Pivoteado entre interior-exterior, la historia hace traspasos continuos con los espacios y los hechos. Adentro se discute, se cena y se asesina, afuera, se entierra a los muertos y se siembran y cosechan tomates que abundantemente abonados se integran al interior. Así los estantes de la casa rebozan de alegóricos frascos repletos de tomates rojo ?sangre. La vida y la muerte circulan de modo continuo estableciendo un flujo que no permite otra cosa que la reflexión y una paradójica resolución.

?La última cena?, ganó el lunes 9 de febrero el premio Estrella de Mar al Mejor Espectáculo Off en una plaza netamente comercial, donde las fuerzas dispares de producción y muchas veces la improvisación son lo único seguro. El grupo Kairos, cooperativa de la que forman parte los integrantes del espectáculo, con un esfuerzo formidable (todo el off lo realiza) y un año de ensayos, llegó y estrenó en una ciudad veraniega demostrando que los protectores solares y el teatro independiente no son términos que se excluyan.

Publicado en Leedor el 24-02-2009