Benjamin Button

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Una historia fantástica con base literaria y altamente dramática es la gran candidata de los Oscar de este año.El curioso caso de Benjamin Button

Se estrena en Buenos Aires El extraño caso de Benjamin Button, dirigida por David Fincher (Seven, El club de la pelea) y protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchett, con la presencia de Julia Osmond, ampliamente lucida. Vale aclarar que esta película compite con 13 nominaciones al Oscar en la próxima entrega, sacándose chispas con las 10 de Slumdog Millionaire.

“Ellos nacen ancianos, y van enniñeciendo, a través de la vida, los americanos?” así decía una canción de la década de los ´70, hablando de ellos, los norteamericanos.

La historia es fantástica. Benjamin Buton es abandonado por su padre, un fabricante de botones, apenas nace, porque tiene la apariencia de un bebé de 80 años. Como un freak, nace ya viejo, en New Orleans, la noche que termina la primera guerra mundial, y es criado en un geriátrico.

De allí en más irá volviéndose cada día más joven, viendo morir a todos los que lo rodean. En algún punto de su decrecer logrará concretar su relación con Blanchett, desarrollándose toda la trama de la película a partir del relato que está dialoga con Osmond en su lecho de muerte.

La película tiene puntos de engarce con lo literario. De hecho las imágenes se disparan a partir de un diario personal leído. Pero cuenta con toda la tecnología de efectos especiales, no solo maquillaje y caracterización, sino montaje y digitalización. Eso no le quita mérito artístico a las actuaciones, especialmente las femeninas, pero hace que la película nos sostenga de asombro en asombro, y entre cada nueva edad de Pitt, nos aseste algún golpe sentimental lacrimógeno y alguna frase con pretenciones filosóficas sobre el paso del tiempo, el destino y lo que vendrá.

Como comentario totalmente subjetivo, es impensable ver la película y su éxito en EEUU sin notar su autorreferencialidad. Quizás por eso se me haya disparado el recuerdo de la canción “Los Americanos”.

En los 80 años de Button, pasan glorias y decadencias del país del norte. Teddy Roosevelt sacándose el sombrero ante el luto por los muertos en la guerra, el honor a salvar post Pearl Harbor, El Katrina y la casi desaparición de Nueva Orleans (diría también que tiene en esto, con toda la escena del reloj, mucho recurso tomado al realismo mágico latinoamericano), son puntos donde los homenajes, sean o no paródicos, nos permiten pensar cómo esta película se vincula con el punto muerto de la guerra, la política externa y la política interna que hoy pareciera estar puesta en tela de juicio por sus ciudadanos.

En este marco no es extraño que Hollywood haya recurrido a un relato del gran Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), voz central de la Generación Perdida que pivotea su obra en torno a la decadencia, la depresión y la crisis entre guerras. Y si continuamos citando, lo que podrían ser dos antecedentes inmediatos de esta historia, Oscar Wilde y el humor mordaz de Mark Twain, tenemos más miradas desencantadas y críticas hacia su época.

La película es triste y quizás ingenua. A lo mejor le falte, a juicio personal, un poco más de vuelo filosófico y un poco de humor, especialmente en la segunda mitad, que se vuelve más psicologista y es casi un drama romántico. Habrá que ver qué opinan nuestras ciudades a medida que se estrene, y cómo acompaña el público esta propuesta.

Publicado en Leedor el 4-02-2009