El sustituto

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Esta vez viene sin glamour ni erotismo, pero aún así vale la pena visitar a esta Angelina Jolie inédita que propone Clint Eastwood en El sustituto.Flaca, muy flaca, con movimientos contenidos, la mano en la boca o en el pecho, sonriente, pidiendo permiso, agradeciendo ante la peor respuesta, un mujer sumisa, perdida, sola. Aunque parezca improbable, esta es la descripción del papel que Angelina Jolie hace en El sustituto, penúltima película de Clint Eastwood. Una madre, a comienzos de 1928 se ve imprevistamente sacudida por la desaparición de su hijo, el día que debe ausentarse de su casa para hacer horas extras en su trabajo de coordinadora en una central telefónica de Los Angeles. Es un all show Angelina. Pocos planos no la tienen de protagonista. Una prueba dramática fuerte.

Son casi dos horas y media que no se sienten. Desde la primera secuencia, la ambientación llama la atención: calles enteras puestas en escena como los fines de los 30. Aunque sin referencia a la crisis económica que se está gestando, el vestuario, los tranvías, los carteles, los autos, hasta los mínimos detalles, son de una exquisitez que valen la pena por sí mismos.

La historia tiene varias líneas entrelazadas por un alto dramatismo. Esto es a modo de advertencia. Se trata de una película dura. Sobre toda la primera hora, donde la corrupción policial asfixia a esta mujer y al espectador. Parece no haber salida. Primero porque el sustituto del título es un niño que aparece y que se hace pasar por el niño perdido. Y ante la negación de la madre, y el peligro que corre la reputación policial la Sra. Collins termina en un neuropsiquiátrico: la ausencia de estos derechos civiles mínimos tanto de las mujeres como los niños es uno de los temas que aparecen como más fuertes y revulsivos en un estado que parece más el del Lejano Oeste que el de la dècada del 20.

Con la prolijidad que se puede esperar de un Clint Eastwood, pero sin la genialidad que también se puede esperar del más clásico de los directores hollywoodenses actuales, el fuerte de Changelling está en las actuaciones, principalmente en las secundarias: John Malkovich como el reverendo presbiteriano con un programa de radio para denunciar esta corrupción; y muy especialmente la de Jason Butler Harner, como el asesino serial de niños, y que protagoniza una de las escenas más impactantes, cuando la Sra. Collins va a visitarlo a la cárcel para escuchar de sus oídos que mató a su hijo.

Publicado en Leedor el 21-01-2009