La duquesa

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Fiel a la tradición británica y en estrecha relación con la tragedia histórica de Shakespeare, La duquesa preanuncia también el aire del romanticismo.La duquesa arrastra la cola de su vestido, otro plano detalle nos lleva ahora a su espalda.

Estas dos primeras imágenes de la película son una metáfora de aquello que arrastra y del peso que carga. Igual que la mujer en la historia desde tiempos inmemoriales, pero esta vez situados en medio del neoclasicismo inglés y como marco de otra porción de la apasionante historia de la lucha por el poder en Inglaterra. Algo sobre lo que ya nos enseñó Shakespeare con su arte y que en este caso nos trae el director británico Saul Dibb que realizó su obra basado en la biografía ?Georgiana, Duquesa de Devonshire? escrita por la premiada Amanda Foreman. La historia nos habla del Poder en todas sus formas, y también del amor en todas sus formas. Las formas en que ambos compiten, se enfrentan, se limitan, se equilibran. Son alternativamente, el duque y la duquesa, el duque y sus perros, la duquesa y su madre, el duque y sus amantes, la duquesa y la sociedad; que incluyen también a la duquesa y sus amores. A la duquesa y a sus hijos, al duque y a los esperados hijos varones. Los pactos, los matrimonios por conveniencia, la virtud, la moral, las renuncias?

Los personajes son ambiguos y eso enriquece la trama, porque por más que el bueno y el malo sigan siendo claramente distinguibles, estos tienen a su vez miles de matices que hacen que ambos nos conmuevan. El duque es otra de las buenas interpretaciones de Ralph Fiennes (El paciente ingles, El Jardinero Fiel). En este caso, nos trae al tirano pero no solamente desde el lugar del poderoso, nos muestra también el talón de Aquiles del poder, la eterna debilidad de ser incapaz en el amor, aquella constante que no le permite apresar el alma de la mujer que en estos tiempos se encuentra en plena efervescencia.

Keira Knightley como La Duquesa de Devonshire (1757-1806) nos muestra que no es solamente la actriz de moda y niña mimada del cine. Después de mostrar su versatilidad tanto para el drama como para la comedia, (desde ?El Rey Arturo?, ?Orgullo y Prejuicio? hasta la trilogía de los ?Piratas del Caribe?) nos conmueve ahora con sus planos eternos de ojos inundados; con lágrimas que se resisten a caer por impotencia, amor, odio, ira, frustración, deseo. Un guión lleno de gestos, miradas y curvas melancólicas dibujadas por los corset que le oprimen el alma.

El mundo de la ilustración esta mágicamente representado con luces y sombras, acentuadas con la iluminación con velas; recurso que ya utilizó Stanley Kubrick en ?Barry Lyndon? (1975), mostrándonos pictóricamente una época que fue también retratada por los artistas de su tiempo como Thomas Gainsborough y Sir Joshua Reynolds.

La película es entonces fiel a la tradición británica y guarda una estrecha relación con la tragedia histórica de Shakespeare y ese ?Gran mecanismo? definido por uno de los principales estudiosos del dramaturgo, Ian Kott. En este mecanismo los personajes son victimas y victimarios que van tejiendo la historia en función de un sistema puesto al servicio del poder; donde incluso los victimarios terminan por convertirse en victimas del ?Gran mecanismo?.

La duquesa lleva consigo y desata los vientos de cambio que traerán el romanticismo ingles, precoz y apasionado.

La duquesa
nos conmueve y es por eso que vale la pena verla.

Publicado en Leedor el 14-01-2009