El rastro

0
9

Una semana con apenas dos estrenos entre los que se destaca un film australiano, felizmente rescatado por un distribuidor independiente Pese a contar con doce largometrajes en su haber y una larga trayectoria cinematográfica, que se extiende a lo largo de 25 años, el director Rolf de Heer es virtualmente desconocido en Argentina.

Sólo quienes frecuentan los festivales de cine (BAFICI, Mar del Plata, etc.) han tenido la oportunidad de familiarizarse con la obra de este holandés que habita desde los ocho años Australia, su país de adopción. Finalmente un distribuidor independiente nos permite una primera aproximación al estrenar ?El rastro? (?The Tracker?), su novena película, filmada en 2002. La elección ha sido acertada ya que se trata de uno de sus mejores trabajos aunque no necesariamente el más conocido, concepto éste que le corresponde probablemente a ?The Quiet Room?, presentado en Selección Oficial del Festival de Cannes en 1996.

La palabra ?tracker? podría traducirse como rastreador o también asimilarse a lo que nosotros conocemos como ?perro baquiano?. El personaje central de la historia es un aborigen, que acompaña a tres blancos durante una persecución a otro indígena de una raza diferente, acusado de haber asesinado a una mujer blanca. Lo interpreta el conocido David Gulpilil, a quien veremos en fecha próxima en ?Australia? y que es recordado por sus actuaciones en ?Cocodrilo Dundee?, ?La última ola? (de Peter Weir) y cuyo debut cinematográfico se produjo en 1971 en ?Walkabout?, cuando apenas tenía 18 años. Ese hermoso film, conocido localmente como ?Encuentro de dos mundos? fue dirigido por Nicolas Roeg y su planteo tenía algunos puntos de contacto con ?El rastro?.

Aquí también hay distintas categorías de hombres blancos, en verdad tres que van desde el que es denominado como ?el fanático? (Gary Sweet), un ser violento, racista y totalmente insensible hasta el más joven, bien nombrado como ?el novato? (Damon Gameau), cuyo protagonismo será importante en los tramos finales de la historia. Queda por nombrar a ?El veterano? (Grant Page), cuya esquiva suerte actuará como catalizador en la reacción del rastreador y del novato.

A la excelencia de las caracterizaciones deben sumarse diversos aspectos técnicos y estéticos. La música primeramente con canciones que en un estilo que podría caracterizarse como ?country? contribuyen a realzar el dramático maltrato a que eran sometidos los aborígenes, a quienes se encadenaba y azotaba. Como bien señala en un momento el personaje de Gulpilil ?el pobre negro nació para la soga?. Y es por eso que se entiende su comentario al más joven de los blancos cuando afirma que ?en los blancos no se puede confiar ya que se trata de una banda de ladrones?.

Notables son también las pinturas (cuadros) que en varios momentos se intercalan anticipando o también subrayando determinadas situaciones dramáticas. Y qué decir del sonido, que hace que el espectador sienta el ruido que hacen los caballos o las piedras del camino y también las lanzas amenazadoras de los aborígenes en tramos finales de la película. La fotografía es otro punto fuerte con notables paisajes del desierto australiano y la presencia permanente de insectos, una característica que cualquiera que haya visitado Australia habrá notado.

Por sobre todo cabe destacar la caracterización que logra el nombrado actor aborigen, en un personaje que aún en la adversidad es capaz de reír a carcajadas y cuya sabiduría es sin duda un don que en ?El rastro? se busca enfatizar. Ese mismo humor se encuentra presente en ?Diez canoas?, una obra más reciente de Rolf de Heer que tuvimos oportunidad de apreciar en la penúltima edición del Festival de Mar del Plata.

Publicado en Leedor el 27-12-2008

Compartir
Artículo anteriorMonobloc
Artículo siguienteBalance 08