Monobloc

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Bienvenida la edicion en dvd de la segunda película de Luis Ortega, extraña y fascinante.Muchas estéticas en una sola

La habíamos comentado hace dos años a propósito de su exhibición en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Esta tardía edición en dvd que hace el sello SBP permitirá volver a una obra extraña y reveladora del cine argentino contemporáneo.

Monobloc puede llegar a ser una experiencia fascinante o un completo sinsentido.

No es común que una película despliegue esta “dualidad” de posibilidades. Sobre todo en nuestro cine, siempre nuevo. Siempre por rehacerse.

Producto de una mente muy amanerada, o muy cool, o muy alejada de lo real, o alguien preocupado desde lo esteticista en explicar el mundo con palabras e imágenes. Es difícil descifrar el universo simbólico de Ortega, sólo comparable con ejemplos extranjeros, David Lynch por ejemplo. Teatral por momentos, poético minimalista, por otros, pictórico, fotográfico, popular (de la radio salen las canciones de Palito en un revisionismo musical y familiar que mueve a nostalgia y a risa). Autocita que se confirma en esas dos palabras Caja Negra, que Perla tendrá que traducir al francés, entre tantas otras.

Hay una suma de estéticas con las que trabaja Ortega que es una especie de rompecabezas, o un juego de bloques que hay que ir armando.

Una estética primordial es la del vacío, el primer plano en travelling hacia la casa rodante del parque de diversiones ya lo muestra: no hay nadie, salvo ese siniestro personaje que hace Evangelina Salazar (en todos los trabajos está el intermediario despiadado) y una pareja de Mickey y Minnie saltando en cámara lenta. Los espacios están recortados y vacíos: las escaleras, la terraza, la estación terminal, el monobloc, el hospital. Cada color además acompaña a un espacio: un blanco hiriente para la sala de terapia donde Perla recibe diarias transfusiones de sangre, un rojo amarronado, como el agua sucia, de la terraza, el amarillo apagado del campo, un tono amarronado, filtrado, artificial, que acentúa la irrealidad.

Es también la estética de la femineidad: esos espacios mínimos son recorridos, habitados y sufridos por tres mujeres: la nena, Madrina y Perla. ?Madrina y Perla son el mundo para mí?, dice Nenita. Mujeres, cosa preciosa exquisita en su especie, cuando Madrina define la palabra Perla. Estas tres mujeres están solas. Acompañadas entre sí. Hablan con lo mínimo. Forman una especie de tríada como las diagonales que sus cuerpos y poses en uno de los planos de la película, todos muy cuidados, medidos equilibrados, con milimetría fotográfica. Madrina sueña con Perla, quizá quiera parecerse a Perla: ?Sueño que la sangre espesa se me mete en las venas y tengo un ardor..”

Es también la estética de la anacronía: un tiempo sin tiempo, en donde prima la idea de supervivencia, donde no hay agua pero sí televisión, donde no hay más comida que unas aceitunas y un poco de verdura, donde las monedas son muy grandes, pero de chocolate.

Creo que Monobloc responde, como pocas películas argentinas a esa definición del historiador Arthur Danto cuando se tiene que referir al arte contemporáneo: “en tanto el arte se vuelve filosófico, a la búsqueda del sentido, pierde la belleza.” Y no está mal que una película desde estas latitudes tan periféricas se anime a eso, a ser un ejercicio de interpretación, un desafío sarcástico de plena libertad, un cruce entre el manierismo y la arrogancia.

Publicado en Leedor el 20-12-2008

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