La Antena (II)

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Para pensar las múltiples posibilidades del sometimiento y sus interrupciones.La Antena, o la revolución para nada.

En La Antena, del director Esteban Sapir, se cuenta la historia de una ciudad en la que alguien se ha robado las voces de todos sus habitantes. El Sr. Tv, un personaje muy siniestro, es quien lleva adelante el plan para terminar de someter a todos los ciudadanos.

Es interesante como esta historia invita a reflexionar acerca del sometimiento y las posibilidades de interrumpirlo. De a ratos pareciera decirnos: ?la Revolución precisa un para qué. Estar sometidos y no tener nada que cambiar es lo mismo?. Incluso la forma en que se asimila el poder a la magia, que en el film se presenta como un hada encapsulada capaz de generar la fuerza que mueva la maquinaria.

Es importante resaltar que con las palabras robadas, se producen alimentos para la población. La palabra entendida como valor, como bien, la palabra perdida, sometida, que se convierte en medio de producción para el que somete. Y que será consumida por el sometido. Aunque también podría entenderse desde otro punto de vista un tanto más psicoanalítica: la palabra como motor de vida.

Volviendo a la perspectiva de dominación: en la película son las mujeres y los niños los que tienen la herramienta para el cambio. No sorprende entonces en ese sentido la presencia de Valeria Bertucceli en el papel de hijo del Sr. Tv, una actriz con un curriculum suficientemente nutrido como para que se la reconozca en el papel de hombre.

La primera vez que vi La Antena, su final me pareció abrupto. Y a la vez, contrario a lo que sucede por lo general, este deus ex machina no significó una simple desilusión, una salida fácil: algo perturbador e incómodo quedó. Lo entendí después: los personajes de la película recuperan su herramienta expresiva (la voz), para dedicarse a gritar en continuo. Grave paradoja la del silencio ruidoso. Eran más sabios y elegantes sometidos al silencio. De ahí la incomodidad: todos nosotros tenemos nuestras voces, y al parecer, como pasa con los personajes de la película, tampoco tenemos nada que decir.

Qué increíble capacidad de síntesis y de elaboración de ficción la de Sapir, que pareciera meter en una licuadora todos los productos mediáticos que obtienen los mejores ratings y que parecen someter a la población, para demostrarnos que las cosas no suelen ser casualidades. Tener nuestras voces o perderlas, no parece ser un problema si no hay nada que decir.

Cuando la volví a ver, pensé en la posibilidad de que el plan hubiese operado con algún resultado y, las palabras, elemento que los personajes tenían cuando habían perdido sus voces, como lo señala el padre del protagonista, era el elemento que parecía ser el nuevo objetivo del Sr. Tv. Podría ser que las palabras hubiesen sido conseguidas, y entonces los ciudadanos recuperan sus voces pero no sus palabras. Esta lectura parece mucho menos probable, y si permitiría entender el final como abrupto.

El relato de esta película, estrenada en abril del 2007, cuenta con varios elementos interesantes de analizar. Utiliza estéticas poco habituales para el cine nacional: la presencia de elementos de ciencia ficción; su ambientación en una ciudad inventada, presumiblemente situada en la primera mitad de siglo XXII; la cita al cine mudo; la recuperación estética de la historieta; su tratamiento de la música y del sonido, entre otros, nos obliga a terminar de romper con los presumibles prejuicios que aún hoy arrastra el cine nacional.

Desde lo visual, las citas a las soluciones plásticas de la historieta se repiten continuamente, desde la silueta oscura del niño sin ojos (Tomás), hasta el ?Ra Ta Ta Ta? onomatopéyico con que les disparan los secuaces del Sr. Tv, pasando por la elección de ciertos encuadres como el elegido para mostrar el globo que pierden al principio y que desencadena toda la historia.

Excepto por las escenas de la montaña y el interior de la estación de la Antena que manejan una superposición de imágenes para la construcción de significados, como el papel de diario que genera las montañas, y las maquinas de escribir y engranajes que conforman la estación, el resto tiene un tratamiento realista, dentro de la ciencia ficción que implica el relato.

La cita de época, se hace presente no solo desde la ambientación de vestuario, sino también desde el uso de imágenes grabadas en estudio. El tratamiento de la luz nos lleva a pensar la importancia de la posproducción: la creación de esa atmósfera tan tratada implicó el rodaje en estudios de casi toda la película. Herramienta muy utilizada por el cine clásico.

Otro elemento interesante del relato es el uso de la gráfica y la tipografía, que demuestran un trabajo muy a conciencia de estos elementos.

El tratamiento del sonido y música de esta obra son muy cuidadosos. Es interesante que en los únicos momentos en que la Voz aparece en forma de canción, sus palabras refieren indirectamente a lo que sucede en el argumento, y la fuerza sonora de esos momentos es muy fuerte por contraste.

El punto de vista está en manos del personaje principal, el ?reparador?, que es quien desde el comienzo lleva la mirada sobre el relato, y es en sus tiempos que el espectador va descubriendo cada uno de los elementos informativos nuevos que se presentan ante él.

Solamente hubo dos detalles que no puedo evitar someter a crítica: el pelo innecesariamente pintado de Urdapilleta, y la máquina de sometimiento por medio de La Voz, representada con formas de esvástica, y con forma de estrella de david la que realizan desde la resistencia: el uso de esta iconografía tan cargada de significado recorta las posibilidades de interpretación en vez de ampliarlas, por más de que la analogía sea válida.

Un pie alado se ubica en la tapa del libro que se abre y cierra para permitirnos la entrada al mundo de La Antena. Algunas interpretaciones señalan la relación iconográfica entre el pie alado y la figura de Mercurio, el dios, entre otras cosas, mensajero.

¿Será la intención de Sapir señalarnos que lo que importa es el mensaje?.

Nota relacionada: La Antena y su mundo gráfico, por Por Carla Cires

La Antena está editada en dvd

Publicada en Leedor el 25-11-2008