Medicine for melancholy

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Producción independiente, ópera prima de Barry Jenkins. Una buena elección para entrar de lleno en el Festival. Estamos en Mar del Plata. Nos tienta el nombre de la película, que es una de las que dió comienzo al Festival. La de la función inaugural, nos dejó un gusto a tropezón, cine norteamericano ya visto y ganas de revancha.

Buscamos Medicine for Melancholy en el catálogo, y dice ?cine independiente?, aunque una elige no guiarse por este librote, tan igual al del Bafici, como muchas cosas de este Festival, si no por la intuición.

Entramos al maravilloso cine teatro Colón. Público mayormente joven y totalmente cinéfilo. Como el director de la película, Barry Jenkins, que tiene 28 años y como los dos protagonistas, Micah y Jo, que también son afroamericanxs. Esta es su ópera prima.

La película es un relato intimista, con elementos cotidianos, donde la microfísica teje su levedad y deja huellas en la cama. Un domingo de esos de resaca y sabor a fin de fiesta que suelen tener todos los domingos. Un domingo que podría ser melancólico, pero que se salva de ello gracias a todo lo que se puede hacer cuando somos dos y se teje una historia de amor.

Es cierto, todas nuestras historias son historias de amor, quizás por eso para ellos sea tan natural besarse como discutir sobre la posibilidad de las relaciones interraciales o el lugar de los negros en el sueño norteamericano del acceso a la propiedad. En este sentido funciona el contraste entre el departamento de ella, amplio y lujoso, mantenido por su novio blanco y director de museos y el monoambiente de Micah, donde además de él y sus bicicletas también hay lugar para una pecera, símbolo de las almas solitarias, si los hay.

La fotografía especialmente trabajada, e incluso homenajeada en esa ida al Museo de Arte Moderno, revaloriza un blanco y negro con matices de color allí donde son justos y aceleran lo poético. Se agrega que toda la película fue hecha con una HD digital. Que el rodaje duró 15 días. Que todo fue realizado con luz natural. Cuando hay historia, actuación y ojo que dirige, el conjunto es un continuo que se parece bastante a eso que esperamos sea el cine.

La obra resulta un ejercicio refinado, donde la ciudad de San Francisco ve derivar a esta pareja tan fotogénicamente natural que no terminamos de saber donde terminan ellos y empieza el mundo.

Medicine for melancholy nos sacó la melancolía que teníamos de querer ver historias poéticas, simples y cercanas en una pantalla de cine.

Publicado en Leedor el 10-11-2008