Una mujer partida en dos

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Ya está en dvd el último film de Chabrol.
La extensa filmografía de Claude Chabrol comprende 55 títulos a lo largo de unos cincuenta años, desde su auspicioso debut en 1958 con ?El bello Sergio? y sobre todo con ?Los primos? (?Les cousins?).

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Hasta 1970 ya tenía en su haber veinte películas de las cuales conviene destacar cuatro consecutivas en apenas tres años (1968-1970). Nos referimos a ?Las dulces amigas? (?Les biches?), ?Las infieles? (?La femme infidèle?),?Que la bestia muera? (?Que la bête meure?) y ?El carnicero? (?Le boucher?). En casi todas ellas y en varias otras, anteriores y posteriores, el rol femenino central recaía sobre Stephane Audran, su ex esposa a la que dirigió en unas veinte oportunidades. La década del setenta fue igualmente prolífica con quince títulos más, casi todos estrenados localmente, de los cuales se destaca ?Niña de día?mujer de noche? (?Violette Noziére?) que marca su primera colaboración con Isabelle Huppert. Durante la década del ochenta, Chabrol continúa dirigiendo en promedio una película por año pero inexplicablemente en nuestro país sólo se estrena una, la muy lograda ?Un asunto de mujeres? (?Une affaire de femmes?) de 1988, nuevamente con la desde entonces habitual Huppert. Debieron pasar otros siete años y cinco películas más antes de que el nombre de Claude Chabrol volviera a lucir en nuestras carteleras. Fue en 1995 con ?La ceremonia? (estrenada localmente en junio de 1996) que marcó un regreso en gran forma y que continuó cada dos años aproximadamente con ?No va más?, ?Gracias por el chocolate?, ?La flor del mal?, ?La dama de honor? y ?La comedia del poder?.

?Una mujer partida en dos? (?Une femme coupée en deux?), que se acaba de estrenar, remplaza a la habitual actriz de Chabrol con Ludivine Sagnier (?8 mujeres?, ?La piscina?) quien anima a una modesta joven que se debate entre dos hombres de muy diversa edad. Por un lado, un escritor maduro interpretado por Francois Berleand (?La comedia del poder?) del que ella se enamora perdidamente pero que no le responde de la misma manera. Por el otro un joven (Benoît Magimel) de clase alta, un medio en que habitualmente se desenvuelven la mayoría de los personajes de sus últimos films. El problema de este nuevo rico es creer que con dinero se puede comprar todo incluyendo el amor. Habrá un casamiento y por un momento parecerá que todo funciona bien. Pero quien conoce bien a Chabrol intuirá que el casi octogenario maestro nos tendrá reservadas algunas sorpresas. Sabrá además que algún hecho de sangre se hará presente en algún momento del relato. La aparición del abogado defensor encarnado por Thomas Chabrol, hijo y habitué de sus films, confirmará nuestras sospechas y llevará a un final que obviamente no vamos a develar pero que seguramente al espectador le aparecerá como factible y coherente. Dos semanas después de Lumet, Chabrol desde el otro lado del Atlántico también nos muestra su prolongada y bienvenida vigencia.

Publicado en Leedor el 25-07-2008