Vecinos en la mira

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Neil LaBute, un promisorio director que se inició en el cine independiente, no encuentra el rumbo en su última producción donde el racismo funciona al revés
Neil LaBute es un director norteamericano que se inició dentro de la corriente de cine independiente con sus dos primeros largometrajes: ?En la compañía de los hombres? y ?Tus vecinos y amigos?. Los ?Vecinos en la mira? (?Lakeview Terrace?), título local de su última producción, no tienen ninguna relación con los de su segunda película. Al igual que la semana pasada con ?Appaloosa? (aquí conocida como ?Entre la vida y la muerte?) la distribuidora local prefirió una denominación alternativa, que en este caso se revela bastante acertada.

Ambientada en Los Angeles, tiene al policía Abel Turner (Samuel L.Jackson) quien un día descubre que a la casa de al lado se ha mudado una pareja interracial integrada por Chris, de raza blanca (Patrick Wilson) y su joven esposa Lisa (Kerry Washington). El policía parece no aprobar la existencia del matrimonio mixto, sobre todo cuando éste protagoniza involuntariamente una escena algo cargada de erotismo que los hijos de Abel llegan a percibir desde la ventana. En verdad, no se trata de algo demasiado grave pero le dan la excusa para empezar a hostigar a sus nuevos vecinos. La serie de contratiempos que empiezan a sufrir los recién llegados en su casa no tienen para estos una clara explicación. A medida que la hostilidad del agente del orden va in crescendo, Chris comienza a percibir que él y su esposa no son bien vistos por alguien que, por su investidura, hasta debería protegerlos.

Toda la primera parte del film alimenta el interés del espectador pero pierde fuerza cuando se encamina hacia terrenos de violencia creciente, repetitivos en la abundante producción norteamericana, que parece calcada de un mismo molde. No se necesita mucha imaginación para adivinar hacia donde apuntará el relato. En cambio puede lamentarse cierta incoherencia en la caracterización psicológica del policía ya que es difícil imaginar que quien por un lado parece proteger moralmente a sus hijos, por el otro pueda organizar en su casa una fiesta (en ausencia de ellos) con profusión de alcohol y procacidades. Ni siquiera el hecho de estar separado de su esposa, mejor sería decir abandonado por ella, justifica tanto contraste.

La actuación de Samuel L.Jackson es adecuada aunque su personaje no le exige demasiado esfuerzo de interpretación. Quien más se luce es Kerry Washington (?El último Rey de Escocia?) mientras que Patrick Wilson (?Secretos íntimos?, ?Hard Candy?) no termina de convencer y puede lamentarse que su rol no haya sido confiado por ejemplo a Aaron Eckart, actor casi fetiche de Neil LaBute, quien también estuvo en ?Posesión?, una de las más logradas del irregular director. Digamos de paso que aquí levanta apenas un poco la puntería ya que la inmediatamente anterior era ese engendro aquí conocido como ?Culto siniestro? con el muy a menudo atroz Nicolas Cage.

Publicado en Leedor el 17-10-2008