Las descentradas

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Con pasajes de guión sobresalientes y una actuación impecable, en Puerta Roja se exhibe una obra sobre las ironías de la mujer y su rol social.Atrás, en un patio de la década del 30, transcurre una fiesta cuyas risas forzadas y compromisos sociales funcionan como punto de partida para contar la historia de Elvira Ancizar, la esposa de un ministro que buscará liberarse de su rol social impuesto.

La autoría de la historia pertenece oficialmente a Salvadora Medina Onrubia, quien fue la mujer de Natalio Botana y fue también, una de las primeras que intentó no pasar a la historia como la esposa de un hombre, sino como una mujer.

Lo curioso, es que para Las descentradas la búsqueda de un nuevo papel dentro de la sociedad es fuera de ella. Donde ?ella? puede leerse como sustituto de la sociedad o de la misma mujer.

Por eso, Las descentradas buscarán su propio espacio bordeando los límites que le impusieron las convenciones para escapar del centro de la escena que años de tradición le adjudicaron.

Es por eso también que Carolina Tisera, la actriz principal, disimulará su figura curvilínea para mostrar severidad en la lucha por su igualdad y libertad, caminará segura sin tacos y propondrá relaciones estrechas con hombres de los que deseará no enamorarse. Por eso, también, abandonará las polleras entalladas para vestir pantalones con tiradores; beberá alcohol sin encanto alguno y en sus labios no se apoyarán los de otro hombre, sino cigarros anchos y puros.

Esta legítima búsqueda por un nuevo lugar de la mujer, implica en la composición de Adrián Canale, la pérdida de la sutileza femenina, su cariño y seductor encanto.

Interrumpida por un intervalo, Las descentradas presenta sobresalientes pasajes en el guión y excelente interpretación de la primera actriz. La primera parte instalará el tema y recreará el clima de la época con pequeñas sutilezas y gestos que logran viajar unas décadas atrás. Sugerirá también, futuras uniones de amor y venganza que ?se espera- terminen de dilucidarse en una segunda parte que aplazará su final como quien se resiste a morir. O al menos se resiste a adaptarse a los tiempos actuales.

Finalmente, luego de simpáticas ironías sobre la mujer y los roles sociales; el ritmo del primer tramo jamás volverá, la escena y los personajes se oscurecieron y algunos cabos sueltos tampoco llegaron a explicarse, confiriendo a la obra un áura de embriaguez que dejará una sensación de confusión. Confusión que probablemente se deba a la intención de una obra descentrada o a la búsqueda de un lugar de la mujer fuera de sí misma, desterrada, como lo podrá ser la misma protagonista.

En cualquier caso, la claridad vuelve cuando las luces se encienden y se siente la necesidad de investigar más sobre la singular mujer conocida como la Venus Roja (o también conocida como la mujer de Natalio Botana).

Publicado en Leedor el 6-10-2008