Quién dijo que era buena

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Victoria Carreras en un unipersonal exquisito nos muestra plenamente lo que es: dramaturga, actriz, cantante y bailarina, homenajeando a las maestras del cine y el teatro argentino de la década de oro.En las huellas de la mejor tradición del café concert, el teatro de revistas y el underground, Vicky Carreras tanto nos canta un corrido mexicano como un bolero aterciopelado y seductor, para romper inmediatamente el clima con un chiste propio del stand up y la comicidad popular. Pleno de inclusiones al público, Carreras nos ofrece lo que ella no duda en llamar un documental apócrifo.

El punto de partida es la Yiyiyi, una aspirante a milonguita que terminará como diva de culto, bautizada Amparo Lucero, la actora. Su vida y su carrera van de la mano. Todo nos lo cuenta: los sueños, el star system, el amor, la soledad, el éxito, el hambre, caviar hoy, pan duro mañana, la vejez.

Victoria Carreras pone en el escenario todo lo que tiene, y eso quizás sea uno de los elementos más impactantes de la obra. Su ductilidad actoral es un elemento a destacar.

Recurriendo al melodrama y la comicidad, lo que subyace en toda su propuesta es la experiencia propia transitada al lado de mujeres que homenajea, por ser la benjamina de un clan familiar de conocida trayectoria en el medio.

Sabemos que ella compone desde las imágenes imborrables de aquellas estrellas del espectáculo argentino que tuvo la suerte de conocer de pequeña. Su memoria se vió reforzada con una investigación exhaustiva en publicaciones gráficas de los años 50, nutriéndose de sus léxicos, sus imaginarios y leyendas, músicas, anécdotas, chismes…

Así desfilan ante nuestros ojos mujeres entrañables que construyen la gran cosmológica del teatro popular argentino e hispanoaméricano: La Tongolele (Yolanda Montes), La Lupe (Guadalupe Victoria Yolí Raymond), Juanita Martinez, Lolita Torres, Susana Rinaldi, Libertad Lamarque, Rita la Salvaje, Graciela Borges, Isabel Sarli? como Carreras misma dice: ?entre otras menos famosas y no por ello menos adorables, todas mezcladas sin problemas de cartel?.

Su musa indiscutible, su maestra, su iniciadora, es Tita Merello, con quien llegó a compartir una temporada teatral, cuando tenía 16 años. Con la paciencia, la misión y la locura que solo las abuelas tienen, Tita le transmitió saberes, arcanos, técnicas y profecías de las que nunca podrá olvidarse. De ella y de su madre, Mercedes Carreras, es buena parte del impecable vestuario que luce a lo largo de la obra.

El espacio del Bar Bataclanas le viene como anillo al dedo a este terremoto que es la Yiyiyi Carreras, que no descansa, nos lleva y nos trae, nos emociona, nos hace reflexionar tiernamente sobre nuestras pioneras y pioneros, dejándonos ganas de ver cine argentino, de escuchar algún programita perdido en el éter de radio Splendid, y por supuesto de llevar a alguien para volver a verla y compartirla, en estos miércoles de octubre.

No se la pierdan, aprovechen ahora, seguramente en cualquier momento sale de gira, triunfa en México, filma unas vistas en la meca del cine y se vuelve carísima.

Publicado en Leedor el 6-10-2008