REC.

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A propósito del estreno, este jueves, de la película española REC, Gabriela Puente bucea profundamente en la temática del zombie.La temática de los zombis en el cine de terror es ya un clásico, confluyen en ésta diversos temas (sobre todo la preocupación por -expulsar- lo diferente) homologables a un discurso político que se funda en la xenofobia, el racismo y el etnocentrismo.

La denuncia de este discurso, por un lado, pone en evidencia su base xenófoba revelando que el encierro no siempre significa seguridad; y por otro lado, mostrando que cuando aquel aparato -estatal- que debería protegernos no lo hace y el ser humano es abandonado a su suerte y a sus instintos más violentos, no todo está perdido ya que los protagonistas por la fuerza de su carácter y la concreción de ciertas uniones altruistas pueden superar la tragedia; no es el caso de REC, esta última es una película visceral y desesperanzadora como pocas, y quizás es allí donde reside su belleza -aunque sea, y esperamos que lo sea-, puramente especulativa.

Pero también es interesante considerar la temática de los zombis centrándonos en el tratamiento actual de la muerte; esta última al erigirse como el límite infranqueable de la conciencia -ya que es impasible de ser pensada- es objeto de codificación simbólica.

La muerte parece ser la confirmación de un fin en el tiempo que en la conciencia se manifiesta como el fin del tiempo ?al menos del subjetivo-, por tanto la noción de muerte se hallará en consonancia con la concepción de temporalidad que se tenga.

En la antigüedad y medioevo primó una concepción circular del tiempo que se traducía en un pensar la muerte como la posibilidad que habilitaba una vuelta a la unidad. Por el contrario en la actualidad el tiempo es entendido como una sucesión lineal e infinita compuesta de tres dimensiones -pasado, presente, futuro- impasibles de alteración.

Si como dijo Bretón ?hay una manera de ir al cine como otros van a la iglesia y (?) desde cierto ángulo, con total independencia de lo que se proyecta, allí es donde se celebra el único misterio absolutamente moderno?, entonces si esto es cierto, el cine toma sobre sí la responsabilidad de construir ciertos mitos acerca de cuestiones existenciales, tal como lo hace la religión; emergiendo así la figura del zombi como mito cinematográfico acerca de la muerte.

El pensamiento mítico por un lado, toma inquietudes inherentes al hombre en tanto hombre y en ello consiste su carácter eterno; pero por otro lado, el mito se adhiere a la conciencia personal tomando la cosmovisión histórica en la que esta conciencia se halla inscripta.

Podría decirse que el pariente mítico más cercano al zombi es el vampiro ?más precisamente un tipo peculiar de vampiro: el célebre aristócrata ideado por Bram Stoker-, pero éste pertenece a otra cosmovisión -la romántica/cristiana-, a otra concepción acerca del tiempo -circular- y a otra etapa del capitalismo -de acumulación caracterizada por la tendencia al ahorro y al gasto racional-; el vampiro era un complejo de cuerpo y alma, que, gracias a este segundo elemento, se hallaba inserto en el ciclo de muerte y resurrección ya que nunca le fue negada la posibilidad de perdón y vida eterna; estaba aferrado al ciclo de la vida porque defendía un sentido y buscaba un fin ?el amor, la venganza ,etc.- y por otro lado, justamente por no carecer de un alma racional llevaba a cabo un consumo calculado que no tendía de ninguna manera a destruir su objeto.

Por el contrario, y conforme a lo que mencionamos más arriba acerca del tiempo, el zombi no deja de reproducir un tipo de estado que se halla en el límite entre la vida y la muerte, sin posibilidad de resurrección o vuelta a la unidad -espiritual o no- se transforma en el emblema de la falta de sentido y ausencia de todo intento de racionalidad individual o colectiva; la existencia de este tiempo infinito e incesante -sin contenido y vaciado de todo lo humano que permite una reproducción sin otro fin que la reproducción misma- se evidencia en la dispersión descontrolada del virus. Lo cual nos da una imagen vívida de la concepción de la muerte en la actualidad, ésta, en última instancia, es interpretada como una pandemia de la que nadie está exento.

El fenómeno es producido por contacto -violento y casi siempre letal- con los infectados; la metáfora del contagio remite, por un lado, a la sensación de irracionalidad excitada por la idea de una reproducción anormal e incontrolable, y por otro lado, remite a un tipo de racionalidad de la cual por lo general estamos excluidos: el control -y abuso- de medios tecnológicos por una minoría -conformada bien por organismos estatales o bien por organismos privados- lo cual nos deja sumidos en un sentimiento de abandono y aislamiento.

En fin, parece ser que la imagen del zombi es el mito que, en un momento del desarrollo de las condiciones materiales de la humanidad en conformidad -y relación de retrorreferencia- con la cosmovisión actual acerca del tiempo, viene a simbolizar lo que continúa escapando a la fracción lógica de nuestra conciencia.

Publicado en Leedor el 9-09-2008