La comedia de la vida

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Cuando el humor se aproxima a la angustia, en una película del nuevo cine sueco.
La comedia de la vida es una extraña película Sueca cuyo título por momentos parece ostentar una contradicción en los términos, la idiosincrasia de la película podrá apreciarse teniendo en cuenta que este país posee interminables noches que se extienden por meses durante el solsticio de invierno, la ausencia de sol durante tanto tiempo sólo se suple agudizando al extremo la visión, destreza adquirida por el director de la que da cuenta en este film. Agudizar la visión implica un quebrantamiento de la fachada de la praxis humana dejando que elementos ocultos devengan perceptibles.

Se siente la lejanía de un humor -tan distinto del latino- que se desarrolla del otro lado del globo; o en todo caso Roy Andersson parece decirnos que la compañera indisociable del humor es una angustia infinita.

Dos tópicos recorren la película: por un lado, la sensación -intrínseca a nuestra naturaleza temporal y finita- de estar perdiendo la vida; por otro lado, una finitud más nefasta la de la soledad aun en presencia de una multitud de personas.

La frase de Goethe citada al principio ?date prisa a gozar tú que vives, antes que el helado Leteo eche el lazo a tus pies? penetra cada espacio de la película, con lo cual el mensaje se vuelve ineludible.

La sensación de malgastar la vida se patentiza en la inquebrantable fuerza de los hábitos que los personajes parecen seguir como impulsados por una especie de conatus. Todos los habitantes de esta ciudad Sueca se hallan inmersos en una rutina fuertemente militarizada, incluso la queja superficialmente existencialista de algunos no se aleja del ritmo invariable que lo gobierna todo, la repetición de estas prácticas rutinarias y su exposición en la película ponen en evidencia la irracionalidad de las mismas, en esta irracionalidad el film funda su sutil carácter irrisorio.

Del segundo tópico, íntimamente relacionado con el anterior, se desprende una sarcástica crítica a la sociedad sueca y a lo que, según parece indicar el autor, subyace a esta sociedad: la esencia específica del hombre, a saber, la maldad.

El recurso de los sueños le proporcionan al director el elemento simbólico que se colará por gran parte de la narración, el sueño de un hombre permite denunciar el pasado nazi -que junto con el individualismo conforma los lazos filiales que los países nórdicos comparten con el resto de Europa occidental- subyacente en la fibra más íntima de algunas familias y -lo que es peor- en el sistema judicial, éste último admite la muerte como la pena más apta en orden a condenar -y evitar- lo que desde esta óptica es el peor pecado del hombre contra el hombre: la destrucción de la propiedad privada.

Luego de transgredir -aunque sea mediante el recurso narrativo de los sueños- el punto en que se basa cualquier ética, el respeto por la vida de otros, la atmósfera se vuelva cada vez más desesperante, el egoísmo y el aislamiento rompen con la posibilidad de instaurar valores más humanos; sin embargo hacia el final, después de una mirada tan pesimista acerca del hombre, resurge el sol en el país del norte lo cual parece traer aparejado una cuota de esperanza.