Mujeres en el baño

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Notables actuaciones que permite asomarnos a un enigma demasiado convencional: qué es lo que hacemos las mujeres en el baño. Más allá de que ya lo hace la publicidad de calle en todos los barrios porteños, Mujeres en el baño es una obra para recomendar, porque sobre todo y especialmente, tiene un excelente trabajo de las actrices.

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El punto de partida responde a cierto estereotipo sobre la cuestión de que las mujeres pasamos muchos momentos de nuestras vidas en el baño y hacemos cosas tan diversas como llorar de amor, depilarnos, cambiarnos el color de pelo, lavar ropa?

El baño se convierte en realidad en el marco para que el tejido dramaturgia/actuación/recursos confeccione su trenza, contándonos historias femeninas que exceden ese lugar de la casa. A medida que avanza la obra, lo que vemos son mujeres que cumplen todos los requisitos de lo que se espera de ellas en nuestra sociedad, cerrando una imagen que limita con el estereotipo.

Los aplausos que provocan estas mujeres están absolutamente ganados: hay una utilización de las canciones, los monólogos, y los juegos con el público, que le da cierto toque muy actual relacionado con el teatro épico y la comedia musical.

Se trata de seis actrices que ponen el cuerpo cuándo, dónde y cómo quieren: actúan, cantan, bailan, recitan, realizan acrobacia, tocan un teclado o un charnago, con una energía poco vista en nuestro ambiente. En este sentido la dirección de Mariela Asencio hace acordar a los mejores momentos de su colega Muscari (Mujeres de carne podrida, Pornografía sentimental o la reciente ?y excelente- Fetiche), en esa tradición almodovariana de manejar actrices y producir un torrente movilizador, tierno y caliente en los espectadores.

Temas que no son menores, como la bulimia (la actriz que se come una torta en escena, mientras todos nos reimos hasta que va y la vomita es uno de los momentos más dramáticos del espectáculo), el aborto, la masturbación, la menstruación, los cuernos, las relaciones lésbicas, en un tono paródico que arranca risas y extrañamientos varios, son un gancho interesante de la obra.

Quizás repite demasiado cierto leit motiv sobre la cuestión de atrevernos a ser nosotras mismas, y en esto cae en cierto cliché, repetido ya mecánicamente. Abusa un poco del efecto mensaje, es más sana y más interesante teatralmente cuando se mantiene en el terreno paródico puro.

Tenemos entonces una obra de este subgénero teatral que pueden ser las obras sobre la intimidad de las mujeres (inaugurado con una obra como Monólogos de la vagina), en una puesta que no tiene nada de under, y apunta más bien a todas nosotras buenas señoras.

La obra integra una trilogía a realizar, junto con “Mujeres en el aire” y “Mujeres en ningún lugar“, que esperamos ver próximamente..

Publicado en Leedor el 15-06-2008