Jóvenes de película..

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La problemática de los jóvenes en el cine argentino en el período 1995-2001 en un libro de Miriam Goldstein
y la mirada Abel Posadas.
Miriam Goldstein es la autora de Jóvenes de película ? La problemática juvenil en el cine argentino 1995-2001. Se trata de un libro armado con diversas ponencias y trabajos que la autora preparó para varios congresos y seminarios. Esto quiere decir que se trata de un libro para universitarios. Sin embargo, no provoca aburrimiento ni mucho menos.

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Luego de un capítulo introductoria en el que se explica la metodología a utilizar -y hay que reconocer que las bases son sólidas-, sobreviene el Mapa de la producción cinematográfica argentina de ficción (1995-2001). La elección de las fechas no es casual: en enero de 1995 entró en vigencia la ley 24.377 de Fomento y Regulación de la Actividad Cinematográfica Nacional y en 2001 se produjo la debacle por todos conocida. Los afiches que ilustran la entrada a este segundo capítulo son elocuentes: se trata del correspondiente a Un argentino en New York (Juan José Jusid-1998) y el utilizado para la publicidad de Pizza, birra, faso (Bruno Stagnaro y Adrián Caetano-1998).

Si la película de Jusid obtuvo 650.000 pesos en créditos del Instituto, más un subsidio de 2.300.695,15 -sin contar con los aportes de Telefé-, la de Stagnaro-Caetano tuvo un crédito del ente citado por un total de 64.000 pesos más un subsidio de 381.726 pesos. Su costo total fue de 400.000 dólares y lo que faltaba fue colocado por la Hubert Bals Fund. A partir de estos datos, la autora construye una interesante teoría: el Instituto, a pesar de la nueva ley, siguió favoreciendo a los multimedios con el cine de estrellas televisivas y argumentos remanidos en perjuicio de propuestas que no cuentan con actores conocidos y que no responden al dispositivo genérico tradicional.

No obstante, tanto en el modelo de película taquillera como en no pocas de las que integran un corpus que se distancia de ese modelo, ?el universo del adulto se ha ido distanciando progresivamente del de los jóvenes en los sectores sociales medios?. Ahora bien: si en los films de consumo masivo se niegan los conflictos de clase, en los que van contra la corriente se evidencia una orfandad producida por la disolución familiar-social. En cuanto a recaudaciones el problema es el siguiente: en países como Estados Unidos hay 5 entradas anuales per cápita, y en varios europeos la cifra es de 2, en Argentina apenas si se alcanza un 0,9. Aunque el libro no lo dice, mucho nos tememos que la cifra haya descendido en la actualidad.

Lo curioso es que Goldstein llega a la conclusión de que los espectadores que concurren a los popcorn cinemas lo hacen más interesados en visitar los nuevos palacios que en las películas. La tendencia a concurrir a Salas Shopping, dice, se consolida de manera arrolladora en el 2000. Al parecer, hay una saturación en ofertas de salas, algo que los inversores tanto americanos como australianos no tuvieron en cuenta: aguardaban que hubiera 2 entradas anuales per capita y, en su mejor momento, rozaron sólo el 0,9. Si bien el estudio de Goldstein llega hasta el 2001, ahora es necesario agregar que hay ciudades del interior, capitales de provincia, donde no existe ni siquiera una sala cinematográfica.

En el capítulo llamado Hijos de nadie: acerca de los jóvenes representados en la producción fílmica argentina 1995-2001 la autora se ocupa de Alejandro Agresti y de Buenos Aires viceversa (1997) y de Raúl Perrone y de su Labios de churrasco (1994). Insiste en que la barrera ficción/documental tiende a borrarse, algo que ya había hecho en el primer capítulo y detalla la ausencia de figuran parentales de peso. Lo que Goldstein no aclara es si éste es un fenómeno argentino o también típicamente latinoamericano ?a juzgar por lo que hemos visto-. Un fenómeno estrechamente vinculado, agregamos, con las consecuencias de un posmodernismo periférico. Tal vez pueda objetársele, en el recorrido que hace por varias películas, la ausencia de Sólo por hoy (Ariel Rotter (2001), tal vez la que mejor habla sobre los jóvenes de un Buenos Aires cosmopolita y posmoderno. Si menciona a La ciénaga (Lucrecia Martel-2001) como prueba del descuido y del casi infanticidio, nos parece un error: es un golpe bajo ya que no se sabe cómo termina esa fábula. Esto, entre muchas objeciones a la película de Martel.

Hay una reflexión final que vale la pena transcribir. La autora, basándose en el material revisado, admite que ?cuando los personajes de la actualidad dejan de ver por sí mismos, quedan alienados, ajenos de si, aferrados a un pasado que no podrán superar y aislados del universo social circundante. Como contraposición, la recuperación de la mirada opera como restauración de los lazos comunitarios?. Del mismo modo, había puesto en evidencia que si a los jóvenes no se los puede contener, se los suprime. El libro fue editado en 2008 por Tercer Milenio y vale la pena leerlo para discutir, pelear sanamente, entrar en el desterrado camino de la polémica. No nos distinguimos por la tolerancia ni por el respeto hacia la opinión ajena. Al propio tiempo, nos lleva de nuevo a un interrogante no aclarado: ¿por qué la gran producción argentina que va más allá de setenta películas anuales no logra conexión con el público masivo? Naturalmente, esto queda fuera del trabajo de Goldstein, pero merecería otro libro.

Publicado en Leedor el 23-08-2008