Autorretratos

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El autorretrato fotográfico adquiere en este artista africano un carácter performático. Su obra despierta fascinación y extrañeza. Entrevista a Samuel Fosso, por Kekena Corvalán

Muchos fotógrafos pasan su vida detrás de la cámara y sienten la libertad de tomar las fotos que quieren, pero siempre interponiendo entre ellos y el objeto una dispositivo que les permita crear. En cambio, Fosso es a la vez fotógrafo y materia de sus propios objetos, inventando en su persona los personajes que quiere ver.

Sus fotos siempre toman como centro el propio cuerpo, pero no para exaltarlo egocéntricamente, sino para contar la historia desde su ser individual. Todas las historias vividas se recrean desde su memoria. Pasan las modas, los decorados, las profesiones, pero siempre el tratamiento del color, los detalles decorativos y la refinada manera de componer visualmente le ponen la firma a sus producciones fotográficas.

Hay un diálogo permanente con el occidente colonizador, con la cultura afroamericana, con la Europa extraña y lejana a la cultura negra. Todas las identidades se despliegan en sus retratos, como juegos de máscaras con el otro lado del mar. Su obra es festiva, alegre, sonriente.

En el marco del Festival de la Luz que tiene lugar en la ciudad de Buenos Aires, entre el 1 de agosto al 30 de septiembre de 2008, la galería Mamam expone obras centrales de sus distintas series de autorretratos.

¿Por qué autorretratarte?

La cosa previa que tiene ese proceso de autorretrato, el inicio, viene de una necesidad de contar que sobreviví. Yo nací en Nigeria, pero tuve que emigrar de pequeño a causa de una guerra.

Luego crecí, y me fui enterando por distinas fuentes qué me había pasado. Y sentí la necesidad de enfrentarme a eso.

La primera serie de autorretratos, que son en blanco y negro, los hice para enviarle a mi familia, como manera de decirles, todavía estoy vivo. Todas las fotos son mi propia vida.

¿Hay un interés kitsch o paródico en tus obras, una crítica a la sociedad norteamericana o la sociedad europea?

No, no hay nada kistch, para mí no es kistch, son imágenes de mi infancia.

En la mujer americana de los años 70, quise hacer un homenaje a las mujeres afroamericanas que son el pilar de sus familias en EEUU, y tiene colores muy fuertes porque está orgullosa de la libertad alcanzada.

La burguesa en cambio, es más en sentido de la imagen del colonizador, representa el sistema de la colonización.

La ropa, los zapatos, el sistema de la moda que muestra cada foto, tiene que ver con las épocas a las que hace referencia.

¿Y esos modelos que fuiste creando, el cocinero, el pirata? de dónde salen esas imágenes?

Son imágenes de mi infancia, el pirata es el colonizador que nos vino a esclavizar. Yo veo así al pirata, y sé que causa extrañeza en occidente, que es una imagen idealizada, de leyendas. Es el pirata que se llevaba a la gente en Africa.

Yo cuento mi propia vida personal a través de los autorretratos.

En el caso de otra serie, la serie de azul, que se llama la serie de mi abuelo, ahí no soy yo, estoy interpretando a mi abuelo. Mi abuelo era sanador, jefe del pueblo shamán. Como mi abuelo ya no está, yo decido en las fotos actuar lo que podría decidir estar haciendo.

La foto que ilustra la nota se titula
La femme americaine liberé
©2008 Samuel Fosso, cortesía Jean Marc Patras y Paris.

Publicado en Leedor el 14-08-2008