La Nación Mapuce

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Poderoso documental que hubiese merecido mayor difusión.

La suiza Fausta Quattrini pertenece a un conjunto significativo de realizadores europeos, sin relación entre ellos, que se interesan por nuestro país. Los hay también españoles, franceses, italianos y alemanes que en su mayoría acaban por dirigir documentales como el que ahora ella estrena. ?La nación Mapuce? hubiese merecido una mayor difusión y no la de tener una limitada salida confinada a una única sala (Malba), en apenas dos funciones por semana (jueves y viernes a las 19 horas). La producción es de su compañero, el italiano Daniele Incalcaterra (?Tierra de Avellaneda?) con quien codirigió ?Contra-site? en el 2004 sobre la búsqueda de los restos del Che Guevara en Bolivia.

Los mapuces, en su nueva y relativamente reciente grafía, constituyen un pueblo cuyos territorio se extendía desde el Pacífico al Atlántico hasta la llegada del general Julio Argentino Roca en 1879 y su célebre y sangrienta Conquista del Desierto. Hoy su disminuida población es más numerosa en Chile donde un reciente censo la establece en algo más de 1,5 millones de habitantes. En cambio, en Argentina no existen cifras oficiales aunque uno de sus miembros, Roberto Ñancucheo, con quien tuvimos oportunidad de dialogar y que estará en algunos de los debates en el Malba, la estima en medio millón de personas.

El film de Quattrini tiene la virtud de introducirnos en la problemática indígena de una manera que evita lo didáctico y el uso de ?cabezas parlantes?, tan frecuente en cierto tipo de documentales. Prefiere, en cambio plantear situaciones que podrían calificarse como dramatizaciones, como la que aparece hacia el final cuando los mapuces se enfrentan, en forma pacífica, con unos oficiales de nuestro ejército en la región de Pulmarí. Lo militares quieren impedir el paso de su ganado y al franqueo de tranqueras y rotura de candados lo califican como una ?toma? ilegal. La posición de los supuestos invasores es que ellos sólo reclaman lo que les pertenece, que les fuera arrebatado por la fuerza hace más de 120 años.

Es interesante señalar cómo diversos poderes tales como la iglesia, los militares y los gobiernos nacional y sobre todo provincial (Neuquén notablemente) son objeto de una fuerte crítica. La directora ha preferido, salvo en el caso del episodio con los militares ya señalados, centrar su argumentación desde el lado de las víctimas. Es sin duda muy poderoso el mensaje que estos transmiten al mostrar que detrás de la usurpación hay diversos intereses solapados. La industria del petróleo y gas es acusada por la explotación no sustentable que daña el medio ambiente. La presencia de explotadores turísticos como un suizo dueño de un ?resort? o la venta de tierras a extranjeros que se hacen de esta manera de reservas de un bien escaso como el agua son también señaladas. En contraste, los mapuces deben vivir en condiciones extremas, sin leña ni agua por momentos y con dificultades para alimentar a su ganado.

Hay aún otro elemento a destacar y que se desprende a lo largo de la hora y media que dura la película. Nos referimos a la manera convincente y sobria en que los entrevistados reivindican su derecho a recuperar lo que desde 1994 la propia Constitución les reconoce al ?garantizarles la posesión de las tierras que tradicionalmente ocupan?. Pero como hasta ahora todo ha quedado en pura declamación podemos compartir la opinión de uno de ellos al expresar que el resentimiento (mapuce) es sano. Como él bien afirma ?no estar resentido es no tener memoria?.

Publicado en Leedor el 10-08-2008