Yo serví al rey de Inglaterra

0
10

Un mundo de placeres materiales en la última película de Jiri Menzel.En los años 60 las óperas primas no solamente fundaban filmografías. Desde la aparición del concepto de modernidad en el cine las óperas primas fundaban movimientos. Una primera película significaba la postulación de toda una teoría fílmica. Ahí está si no Sin aliento de Godard o Los 400 golpes de Truffaut, Shadows de Cassavettes, Barravento de Glauber Rocha. En países con breve tradición cinematográfica, hacían escuela y se transformaban en referentes de generaciones ávidas de formatos y temas rupturistas. En todo el mundo el fenómeno de los nuevos cines abrió brechas decisivas en la historia del cine.

Perteneciente a esa generación y pese a que no es precisamente su ópera prima, hay en Jiri Menzel y en Yo serví al rey de Inglaterra algo de esta nostalgia primera de un cine (el checo) del que esperamos algunos tópicos ineludibles. El autor de esta novela Bohumil Hrabal vuelve a ser retomado por Menzel (Trenes rigurosamente vigilados de 1966) en esta película que llega a los cines de Buenos Aires. Tópicos como la intervención de la realidad por lo maravilloso (monedas volando que se transforman en postales y estampas cuando caen, mujeres cubiertas con flores o frutas reflejadas en espejos). La adaptacion del mismo novelista de Trenes rigurosamente… , la elección del recurso de la primera persona y el modo del relato que va y vuelve del pasado al presente incontables veces.

Jan Diete es un ambicioso y chaplinesco (muy chaplinesco) mozo que no importa a qué precio irá accediendo a un mundo de placeres materiales donde “no hay que ver ni escuchar nada pero donde hay que ver y escuchar todo”. Cervezas y bandejas entre las mesas de los hoteles exclusivos de Praga donde Jan aprenderá a moverse como un verdadero bailarín. En el medio, quedarán los aprendizajes paternales de un vendedor de balanzas y cortadoras de fiambre y del maitre del Hotel París. La ocupación alemana de 1938, la dimisión del presidente Edvard Bene?, la resistencia popular de los checos a los alemanes. Pero Jan es un hombre pequeño (tambien de altura) y las circunstancias históricas no le importan demasiado. En su oportunismo y su poco compromiso se enamora de una pequeña maestra alemana, preocupada por continuar la raza aria. En ese caso, la novela hace a un lado todo atisbo de corrección política y hace que su criatura aparezca más preocupada por el acceso a esa vida de placeres a la que sirvió durante años que a lo que comienza a pasar al lado suyo. Jan no es un héroe, ni pretende serlo.

Pero ese relato en dos tiempos y dos actores (poco parecidos) haciendo del personaje joven y el viejo marca la diferencia entre el pasado y el presente: Jan es uno pero son dos y el espejo también se ocupa de esa divergencia, como la voz de Jan que le cuesta reconocer a ese joven que terminó pegando con engrudo dinero en la pared de una mansión que termina disfrutando durante poco tiempo.

A principios de este año Buenos Aires disfrutó de lo más nuevo del cine checo en una Semana dedicada a lo mejor de la actual producción cinematográfica checa organizado por Czech Film Center, Centro Checo y el INCAA, así que no podemos decir que es una filmografía poco vista la checa.

Tal vez un poco larga, sin definición en las escenas del viejo Jan y su deseo inconcluso de la joven salvaje que conoce en su exilio en la frontera. En Yo serví al rey de Inglaterra, el rey de Inglaterra nunca aparece, pero sí el de Utopía y aunque el sueño de un mundo glamoroso y monárquico parece no cumplirse nunca, se irá el espectador con la ilusión de haberse asomado a placeres vacuos, tantos como los de un rey.

Publicado en Leedor el 31-07-2008