Libros y casas

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También de ladrillos y literaturas se hacen los sueños. Entrevistamos al Secretario de Cultura de la Nación por el programa de incentivación de la lectura que la gestión estatal lleva adelante.
El Programa Libros y Casas está siendo desarrollado por la Secretaría de Cultura de la Nación desde el año 2007. Consiste en entregar una biblioteca (mueble y 18 libros) para cada vivienda social que se construye, en un arco que abarca más de 250 localidades en toda la Argentina. Esto representa alrededor de 300 mil personas que ya se han beneficiado con el plan que lleva otorgadas 50.000 bibliotecas y prepara la entrega de otras tantas.

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Se trata de una iniciativa pionera en el mundo, que comienza a ser imitada por otros países (Cuba, Chile, EEUU, etc.). Los libros fueron cuidadosamente seleccionados y, en varios casos, editados especialmente para este Programa. Pero hay algo más: tras la entrega de la vivienda con su biblioteca, la Secretaría envía a un equipo de personas especializadas para familiarizar a los beneficiarios con el uso de la biblioteca. Sucede que, en la mayoría de los casos, se trata de familias que nunca habían tenido un libro en su vivienda.

Así, se organizan encuentros donde cada potencial lector es buscado especialmente, y se relevan testimonios, sensaciones, anécdotas, descubrimientos y sobre todo, muchas ganas. Leer es un hábito y como tal hay que trabajarlo hasta que podamos sacarle todo su provecho y su placer, y de eso se trata este programa.

Por eso, le acercamos un cuestionario de inquietudes al líder de la gestión estatal en la Secretaría de Cultura, José Nun, quien nos respondió lo que sigue.

¿Qué relación puede hacer entre un ladrillo y un libro?

Los libros son grandes constructores: construyen lectores y maneras de percibir y pensar el mundo.

¿Cuánto hace a la idea de “hogar” que tenga una biblioteca?

Un hogar es más que una vivienda, es el lugar de la intimidad, dónde uno se siente resguardado. Cuando una biblioteca forma parte de ese mundo se abren nuevas posibilidades para disfrutar de él y se completa de manera muy particular el habitat de la familia.

¿Cómo el programa Libros y Casas contribuye al concepto de Bibliodiversidad? La pregunta se vuelve pertinente porque el programa es citado como ejemplar por los agentes que trabajan por la defensa de la diversidad de los libros.*

Libros y Casas entrega una biblioteca de 18 libros: manuales de auxilios médicos, legales y de historia, entre otros, libros de referencia como diccionarios, la constitución nacional y, por supuesto, antologías de literatura para grandes y chicos.

Promover la bibliodiversidad implica acercar al público la mayor cantidad de obras y autores posibles, de manera de ampliar los horizontes de lectura. Actualmente, la postal más común de las librerías consiste en vidrieras con 15 ejemplares de un mismo título apilados de manera que éste se destaque. Sin duda, se trata de una estrategia comercial. Estas tendencias que responden a la rentabilidad exigida en el mercado atentan contra la variedad de obras que se le ofrece al lector. El Estado tiene un rol en relación con la política de incentivos dentro de la industria para preservar la bibliodiversidad y específicamente a través del programa Libros y Casas, llega a personas que no son habitualmente consumidoras de libros, de manera gratuita, con una oferta de calidad.

¿Qué significado puede tener en pleno auge de las tecnologías digitales seguir apostando al libro como puerta de acceso al conocimiento y a la información?

El libro sigue resultando un formato muy apropiado para la palabra escrita, sobre todo en el caso de la ficción, ya que es fácil de transportar y manipular, adaptándose así a la diversidad de hábitos y situaciones posibles de lectura: en el transporte público, en la cama por la noche o en una sala de espera. El avance de la tecnología afecta en primer lugar a los libros en tanto soportes de datos e información, incidiendo fundamentalmente en la población con acceso a Internet. El público objetivo de Libros y Casas, aunque parcialmente accede a la web a través de locutorios y ?cyber?, en general no la utiliza como herramienta de consulta ni como medio para leer ficción. Por esto, entregar libros sigue siendo la manera más directa de facilitar el acceso a la lectura. Pero hay más: el objeto libro permite que el lector establezca una distancia crítica con el material, que puede subrayar y releer. Y esto sucede poco con la pantalla digital que, por otra parte, compromete de tal manera la atención visual del usuario que disminuye las posibilidades de distanciamiento a las que aludía.

Publicado en Leedor el 31-07-2008