Música Nocturna II

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Los personajes protagónicos de la película de Filippelli sostienen la misma angustia de compartir el espacio de sus vidas
Sólo instantes; cíclicos; conflictivos; artificiales; puros; impostados; arduos y tenues. Ambos personajes protagónicos sostienen la misma angustia de compartir el espacio de sus vidas; pensando; sintiendo; soslayando; arremetiendo o manteniéndose estáticos en lo que nunca fueron, son, ni serán. Federico, (Enrique Piñeyro), gira en torno a un irónico laberinto de letras y frases que a nada conllevan; mientras Silvia, (Silvia Arazi), a pesar de haber concluido su obra de teatro, (amorfa, opaca y sin sentido), también transita idénticos pesares. Por un lado, lo no acabado del escritor brilla como una obra de arte en sí misma, compitiendo con lo realizado pero sin trascendencia de su mujer. Entonces el temor a la soledad y a la vez al abandono vuelve a habitarlos como un único momento de mutua comunión; aunque, hartos; expuestos; indecisos; soslayados; indefensos; nadando en una marea de pujas conscientes; inconscientes; leves; intempestuosas y profundas, que invaden lo más precario de su ser.

La voz en off del actor, subyuga reflexiva; nos envuelve junto a esas largas caminatas; amaneceres y ocasos porteños, a la par de los “errores musicales” que hacen que Schubert se extralimite dentro y fuera de la pantalla, mientras un mismo sentimiento de culpa somete a Federico al lodo del menosprecio en el que él eligió estar, aferrado así a una especie de metáfora agónica y monótona, casi infinita… (diálogo en la barra de un bar junto al guionista jubilado (Atilio Polverini, el director).

Afuera, los coches, las luces y los transeúntes reviven el malestar de una ciudad dormida. En la penumbra, la silueta de Federico aguarda sigiloso detrás de una ventana lo que tal vez nunca ha de llegar, y que imagino tampoco le importa en demasía…
Enrique, un placer a los sentidos.

Nota relacionada: Música nocturna, por Abel Posadas

Publicado en Leedor el 2-08-2008