Abelardo Castillo

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Sólo el dominio de la técnica, el oficio y el arte hacen posible la diversidad de los textos incluidos en El espejo que tiembla de Abelardo Castillo. Escribe Elena Bisso
Sólo para lectores de Abelardo Castillo

También puede provocar felicidad encontrar nuevos cuentos de Abelardo Castillo. Es la sensación aliviadora de renovación, en la insistencia de la lógica de un género tan difícil y tan querido. Son once los cuentos que forman ?El espejo que tiembla?. Sólo el dominio de la técnica, el oficio y el arte, hacen posible la diversidad de estos textos.

No sé si yo armé mi biblioteca en su taller, o si él leyó deductivamente mi bilblioteca y me la transmitió, lo que sería un fenómeno extraño, pero esta segunda opción me parece, aunque fantástica, verosímil. Maestro, no sólo de cuentistas sino de lectores, sabe dar en el centro del estilo, de modo que receta lecturas con una agudeza magistral.
Esta experiencia temprana hace que pueda leer sus cuentos con algunos guiños preciosos y cierta nostalgia. Los cuentos son únicos, existen por sí mismos, me pasean por una tradición nacional inevitable.

?Cita en cualquier lugar? es de una precisión descriptiva admirable para seguir y perseguir rasgo por rasgo.

?Ondina? es un poema en prosa, el eco de un personaje de ?El que tiene sed?. En ese texto breve tal vez esté cifrada una fórmula de la feminidad.

?La Cosa? es un cuento buzzatiano, de esa perfección, sorpresivo y de un humor ?abolutamente Castillo?.

No puedo evitar que ?Noche de Epifanía? me recuerde a ?Conejo?, ese cuento tan famoso que se lee en las escuelas, y se entrelaza con esa siniestra sorpresa del Bestiario de Cortázar. Y el humor, otra vez, más Castillo que nunca.

?Pava? es el contundente resultado de la devoción a Quiroga, de esa ferocidad que también encontramos en ?Patrón?. Podemos decir que Pava se suma al bestiario quiroguiano.

?La que espera?, pensaría que es el despliegue de la historia de dos hermanos tan engimáticos como los de ?Casa tomada? de Cortázar.

Y hay otros. En este libro de Castillo el cuento insiste y se renueva en breves maquinarias nocturnas que acechan a muchos de los condenados a la literatura.

Nota relacionada: Hasta el último tren de la noche

Publicado en Leedor el 22-9-2005