Wall-E

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Muda, animada, apocalíptica y tierna: el mejor film de Pixar, sin duda.Alquien me dijo mientras mirábamos Soy leyenda que no iba a molestarse en ver más películas que transcurrieran en ciudades vacías. Puedo suponer por qué. Es que el comienzo de Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007) y la asolada ciudad de Nueva York genera un poco de angustia. No podemos negarlo. También lo hizo Exterminio en su momento, inquietante aproximación a ese momento que este comienzo de siglo nos hace vislumbrar tan cerca.

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Algo de ese comienzo tiene la primera parte de Wall-E, una joya cinematográfica por donde se la mire.

Las primeras panorámicas, al estilo google earth, sobre una ciudad, de chatarra en la que el único atisbo de movimiento es el de una presencia robótica, pequeña, algo enclenque. Lo que en Soy leyenda era humano, único sobreviviente de millones aniquilados o enfermos, acá es maquínico.

Un mundo de cuyo proceso de destrucción no tenemos demasiado detalle, pero que poco empieza a importar cuando Wall-E, el pequeño robot, comienza su tarea de selección de basura de esa ciudad en deshecho. Alguna sirve otra no. La que no, se compacta ordenadamente formando edificios de chatarra. Qué puede guardar un robot?. La caja en lugar del anillo de diamante que contiene, juguetes de goma, un cuadrado mágico, un encendedor, una cuchara-tenedor de plástico.

Qué salvarías de la destrucción? Wall E. lo hace por vos, pero con su lógica de robot.

Decíamos que el aspecto del fin del mundo y las explosiones repentinas, de la primera parte de la película recuerdan a Soy leyenda, inolvidable pasaje de Will Smith tapiando la casa para dormir por la noche con su perro en la bañadera. El hogar parece ser el único resguardo físico. El de Wall-E es un la caja de un camión en la que guarda, en archivo bien clasificado, todos los tesoros de su exploración diaria.

La película Pixar tiene dos partes bien diferenciadas. Una, tal vez la mejor, transcurre en el mundo de Wall E, la tierra. La otra en el espacio, el mundo de Eva, el otro robot de esta historia. En la primera, Wall, una cucaracha y Eva no necesitan muchas palabras para comunicarse. Es prácticamente muda. Sólo la música de Hello Dolly.

En la segunda parte, con más personajes, más allá de las estrellas, una nave-hotel 5 estrellas, especie de Arca de Noé que espera en el espacio que en la tierra haya alguna señal de vida tras 700 años. La vida es pequeña planta metida en tierra en un zapato que transporta ese robot llamado Eva del que Wall E se enamora. Detrás de ella (o él) irá Wall-E sin importar qué queda atrás. Recordemos que es solamente un robot. Máquinas y humanos, gordos e inservibles, cada uno con su pantalla telefono, sin ver lo que tiene más allá de sus narices.

Danzas en el espacio incluido, referencias a 2001 Odisea del espacio, algún plano de Griffith que se escapa por ahí, la película es un festival de guiños que se disparan hacia todos lados: a los seguidores de los videojuegos, a los fanáticos de las computadoras, a los fans de Toys Story, a los cinéfilos, a los que saben de arte.

Una historia sin quiebres, con una ternura ingenua que cita a la mejor comedia clásica, ecológica, anticonsumista, antitecnológica a Wall-E, por la maravilla que es, le perdonamos todas las cajitas feliz que pueda traer.

Publicado en Leedor el 16-07-2008