Las maras

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Una muestra de doble valor, antropológico y estético, con el trabajo de Isabel Muñoz en el Centro Cultural de España en Montevideo. Ellos están allí, ataviados con todos sus honores, con la propia historia echada al hombro y la pistola dibujada en la cintura, únicos baluartes que les quedan y donde, a pesar de todo, aún pueden ser soberanos.

Caminamos por este salón y de todos lados se asoman estos muchachos con su tatuaje y su color de piel cobriza, sin excepción.

Las maras son pandillas de adolescentes marginales. En su origen, sus integrantes son ex detenidos de la policía de EEUU, que luego de la deportación regresan a sus países, generalmente centroamericanos, especialmente salvadoreños, con una carga de violencia y marginalidad aún mayor.

Isabel Muñoz, fotógrafa catalana, realizó a lo largo de 2006 un trabajo de recopilación de imágenes ingresando a las cárceles que albergan a los miembros de esta pandilla para tomar sus retratos. Conversó con ellos, y cada letra tatuada fue explicándose sola.

Allí podemos ver no sólo el lenguaje escrito en el cuerpo, sino también en las paredes de cada una de las celdas. Predominan los símbolos y mensajes satánicos, el número 6, las letras góticas, los ataúdes y calaveras, y hay que destacar que, paradojicamente, algunas de esas caras tienen expresiones muy bellas y cautivantes. Ojos que suplican, voces que se animan a sonar y cuerpos escritos que completan, contradicen, refutan, asustan y tratan de dominar una razón que está tan alienada como la razón que los condujo hacia allí.

El tema, no sólo es la violencia, el gran tema es la muerte, lo que refuerza la idea ritual en una zona continental donde la opresión sistemática y estructural afirma cotidianamente que la vida no vale nada. Como diría Liliana Felipe: brazos que valen menos que la bala que se gasta en matarlos.

Cada detalle revela existencias que cargan con demasiados golpes. Es posible descifrar la historia entera de la miseria latinoamericana en estos niños y jóvenes a los que se les niega la pluma y las páginas de filo dorado del gran libro. Con una lápida dibujada por cada desdichado que se cargaron, quizás por eso, lo que les quede es contarlo ellos, en el único espacio que todavía les pertenece, su propia piel.
Si el tatuaje tiene un sentido claramente ritual, las imágenes que cuelgan en este salón de exposiciones montevideano cruzan su carga con otra ritualidad por excelencia, la del retrato y la captación del instante que aporta la fotografía. Fotos que, en vez de encerrar, sirven para darles aire y libertad a los presos retratados. Fotos que salen de las rejas.

MARAS. La cultura de la violencia.
Fotografías de Isabel Muñoz
Curador: Publio López Mondéjar
Hasta el 30 de agosto de 2008
Centro Cultural de España en Montevideo
Rincón 629, esquina Bartolomé Mitre. Montevideo. Uruguay.

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