Underground

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La vida fraccionada en pequeñas traiciones. Para volver a ver.UNDERGROUND y Emir Kusturica. Un director en busca de un país.

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?Una guerra nunca es guerra hasta que un hombre mata a su propio hermano?. Iván, débil, tartamudo, mata a su hermano Marko, fuerte y poderoso, traidor. Lo mata a bastonazos. Blacky, el mejor amigo y al mismo tiempo víctima de Marko manda quemarlo sin querer, Kusturica cierra así este discurso sbre la guerra que divide a la antigua Yugoslavia en Servia y Bosnia: la guerra civil paradigmática del fin de siglo, una guerra cosmopolita, tribal, internacional y sobre todo, inútil.

Hay un naturalismo exacerbado y salvaje en las fatigosas 2 horas 40 (lástima la falta de costumbre) de esta coproducción franco-alemana-húngara. También hay un fuerte simbolismo religioso: Blacky llora la equivocación final sobre un cristo cabeza abajo.

Trompetas gitanas agitan toda la película, la hacen girar. Un joven de 17 años cree que la luna es el sol, que un ciervo es un caballo, porque su padre se lo dibujaba así en su vida subterránea. La realidad es conocida por el mundo representado. O es tal vez lo real que explica lo representado?. Un mono dispara un cañón. Las cloacas transfiguran los caminos subterraneos. Una novia se suicida tirándose al interior de un aljibe, el purgatorio es acuático, el paraíso es el lugar de reencuentro y perdón. En Latinoamérica lo llamaríamos realismo mágico.

Acusado de pro-serbio por los intelectuales franceses y críticos bosnios, amenazado de muerte en su propia patria, Kusturica anunció en diciembre de 1995 que se alejaba del cine, emulando al gran Kieslowski: ?Ignoro si mi abandono alegrará a mis enemigos, pero sé que mis amigos comprenderán que mi vida se libera de una carga?, ya había ganado la Palma de Oro en Cannes con Underground. Se llegó a decir que Kusturica ?ha puesto música e imágenes al discurso que tienen los asesinos para convencer y convencerse de que actúan en legítima defensa? (Alain Finkielkraut, filósofo) Evidentemente escapan a nuestra visión los detalles ideológicos de este estado de guerra permanente y complejo que vive esta zona balcánica. En tanto que, además, Underground supera el tema nacional para transformarse en la descripción de un problema universal: la manipulación. He ahí probablemente el mal de esta guerra en un país víctima del desconocimiento internacional y de la indiferencia.

Underground o el subsuelo se califica según el punto de vista que se elija: puede ser la historia de dos hombres enamorados de la misma mujer, puede ser la historia de una traición, o bien la vida de un país en guerra durante 50 años. Puede ser también todo a la vez. Es la vida fraccionada en pequeñas traiciones, en definitiva.

El final, la negación de la historia, el encuentro con los seres queridos en un mundo luminoso donde, una vez perdonadas las injusticias, todo puede volver a empezar, es definitivamente maravilloso. Para descubrir la particular simbología de un cine poco visto.

Nota publicada en la revista EL Menú de Buenos Aires

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Publicado en Leedor el 3-07-2008