Sex and the city (II)

0
9

Con un guión frío y una factura irrelevante Sex and the city revela un costado de las mujeres bastante sospechoso.
Toda película que proviene de la televisión, tiene algo de síntesis y algo de conclusión. Generalmente, el último paso en el proceso de desarrollo de las series televisivas norteamericanas, la película, “the movie”, provoca que sea imposible hablar por fuera de su naturaleza de industria cultural. Hecho por la industria, para la industria, este cine apela tambien a una confusión: “me encanta la serie, tengo curiosidad por la película, la película me defraudó”.
Y entonces, no damos cuenta que no deja de ser televisión.

Ahora bien, entender cómo aborda la crítica de cine una reflexión sobre estos productos de la industria cultural, puede llegar a ser interesante para, al menos, estar libre del malentendido, diferenciando el público consumidor del público que con algo más exigencia se atreve a otras expectativas. A sabiendas que uno puede ser ambos públicos a la vez en distintas situaciones.

Sex and the city plantea de alguna manera esa cuestión: los carteles de publicidad del diario Clarin resumen alguna de las opiniones de los medios argentinos: “Deslumbrante” para Cecilia Absatz de Radio Continental; “Puro glamour, super entretenida. Hombres, véanla con fines educativos”, para Sebastián De Caro de radio La Metro; “Fascinante. Para ver. disfrutar, aplaudir y seguir creyendo en el amor” según Alicia Petti de Radio Mitre; “Un festin para dejarse llevar, según Ana Perez Vignau de Revista Veintitres.
“Una fiesta”, para Gabriela Radice de Radio Mitre.

Y nada de esto está fuera de la verdad: el brillo de tanta lentejuela en modelos vivos deslumbra; hay una recurrencia permanente al glamour y la cosa festiva, en desmedro del realismo por supuesto, si no ver el viaje que las protagonistas hacen a una supuesta playa mexicana; fascina ese despliegue de vacua inutilidad y tan poca literatura, se disfrutan algunas vistas de Nueva York; mucha modelo, mucha pasarela. Mucha, demasiada superficialidad.

Sex and the city, la película, se asume como un resumen de la serie, sobre todo en el principio cuando recurre a la pantalla dividida y la voz over para contar de qué fue la vida de estas ahora cuatro cuarentonas desde que llegaron a Nueva York “en busca del amor”, historia que se repite en los sueños de miles de mujeres. El “atrapa espectadores nuevos” está en funcionamiento, pero estas chicas mantienen la ritualidad de los encuentros y el desparpajo de mostrar sus vidas amorosas, aunque con mucha menos concentración que en la serie, aquello que le dio tanta fama.

Claro, todos sabemos que el cine no es televisión. Y todas aquellas versiones, algunas más devaluadas que otras como Los ángeles de Charlie, Embrujada, El santo, Starsky y Hutch, El fugitivo, Viaje a las estrellas, La familia Adams, Los vengadores. Alguien se acuerda de la horrible La bomba desnuda con Don Adams (estocada final de Super Agente 86)?.
Seguramente las que quedan en la historia del cine con intenciones de sobrepasar esa expectativa son pocas: el Batman de Tim Burton, o Los intocables, de Brian de Palma o la más reciente Los Simpsons, The movie . No mucho más.

Sex and the city muestra por todos sus poros que es industria, un guión frío y una factura irrelevante, pero tambien revela un costado de las mujeres bastante sospechoso con el que no estamos de acuerdo, simplemente porque está tan lejos como el planeta que Carrie Bradshaw se inventó, por lo cual tampoco acordamos, claro, con aquellos que dicen que aquí van a encontrar todo un recetario para entenderlas. Imposible. Ninguna pelicula, y mucho menos ésta, da las pautas para entender a las mujeres; he ahí su verdadera fascinación.

Nota relacionada: Las Chicas Sólo Quieren Divertirse por Nicolás Kusmin

Publicado en Leedor el 15-06-2008

Compartir
Artículo anteriorProyecto Convi
Artículo siguienteEdú